
Tanques llenos, buen abrigo y con la atención debida para el manejo de nuestros vehículos, emprendimos el viaje a las 7.50 desde la Ciudad del Cañón.
Por diversas circunstancias y como siempre sucede en los grupos numerosos, solamente fuimos de la partida en esta oportunidad, siete de los integrantes de aquel primer viaje: Raúl Avila, Pablo Alemani, Gustavo Fenoglio, Enrique Toselli, Juan Carlos Abt, Javier Manera y Daniel Guglielmone, agregándose en esta ocasión una persona con vasta experiencia en viajes en moto, como es Hugo Mancini de la vecina Colonia Aldao.

Desandamos nueve kilómetros aproximadamente, la Ruta Nº 95-S fue testigo de nuestro paso hasta el paraje “El Lucero” -previamente atravesando la localidad de “Aguará Grande”-, donde con rumbo NE accedimos a la RP Nº 38, unos quince kilómetros, circulando luego por la RP Nº 37, para llegar finalmente a nuestro destino, que hasta ese momento se nos había negado, no sin antes sortear un par de pantanos -algunos con mayor pericia que otros-, y donde pudimos apreciar los cambios permanentes de paisajes que nos ofrecía el camino serpenteante, el Río Salado casi un canal con muy poco caudal, desembocando en tan maravilloso lugar, desconocido para todos nosotros como para mucha gente, aproximadamente a las 11.20, luego de recorrer 210 kilómetros.
Ya nos esperaba Hugo Romagnoli, dueño de la estancia en donde se ubica la Reserva Provincial de Uso Múltiple “Lagunas y Palmares”, lindante con el hoy caudaloso Río Calchaquí, fin de la ruta mencionada, ya que el viejo puente de madera fue derribado, sin aún haber concluido el nuevo, vaya a saber por qué motivo o razón, causando a los vecinos de ambas orillas trastornos de comunicación en todo sentido.

Así, luego del pequeño descanso, nos despedimos de Hugo y Pedro, quedando comprometidos con una nueva visita muy pronto, partiendo a las 15.20, recorrimos el mismo camino hasta “El Lucero”, siguiendo ahora por la RP Nº 38 hasta la RP Nº 13, tomamos rumbo sur ocho kilómetros y desviamos hasta la RP Nº 2 (Huanqueros), para llegar a San Cristóbal, reaprovisionándonos de combustible, repetimos el mismo derrotero de la mañana y llegamos a Sunchales a las 18.40, con 227 kilómetros recorridos en el regreso.
Llenos de satisfacción por hacer concluido el día sin mayores inconvenientes, disfrutado más aún la travesía ya que la tierra de los caminos no fue tanta como en el primer viaje, y habiendo respetado todas las consignas demarcadas en reuniones, luego de la primera travesía (primera experiencia para varios de nosotros), nos queda ahora despuntar las virtudes o defectos de este viaje o tal vez pulir aún más las consignas planteadas, para gozar de las excursiones a futuro, con mayor seguridad y así poder seguir disfrutando de ellas y eventualmente, si hay algún atrevido, escribir nuestras vivencias.

