Ha pasado casi un año desde el último sorteo de viviendas efectuado en la ciudad. De aquel momento a esta parte (aún antes) se desconocen políticas públicas que apunten a mitigar uno de los problemas más importantes de los sunchalenses. Las perspectivas a corto y mediano plazo no son buenas y suren preguntas ¿Podrá Trinchieri y su anunciada en la campaña mesa de consenso encontrar una salida? ¿Se encontrará una alternativa desde el Instituto municipal de Vivienda? ¿El Plan Estratégico podrá aportar propuestas? ¿Seguirá teniendo algo de validez las gestiones de Lamberti por aquellas 450 casas anunciadas en agosto?
Fue el eje de la campaña electoral y el punto que marcó mayores diferencias entre los dos candidatos que mayor cantidad de sufragios recibieron. Mientras Leandro Lamberti sacudió a la opinión pública asegurando tener un compromiso de adquisición de tierras y construcción de 400 viviendas (en ese momento alcanzando al 40 por ciento de las familias con dificultades), Oscar Trinchieri fue mucho más cauto y dejó como propuesta una iniciativa de consenso.
En aquellas respuestas, lejos de precisiones, el hoy intendente optaba por anticipar mesas de negociación y gestión público-privadas, en las cuales se sentarían por una parte el Gobierno local y por otras los emprendedores y desarrolladores inmobiliarios de la ciudad.
La intención de generar un espacio de consenso en el cual se proyecte de manera armónica la futura expansión no deja de ser atractiva, toda vez que acerca previsibilidad. No obstante, en los extensamente citados «primeros cien días», no ha habido mención alguna a viviendas.
Cada vez son más los sunchalenses que se desaniman, pensando en que la ciudad puede volver a quedar al margen de políticas de alcance provincial o nacional. Si hoy en día llegase alguna oferta de plan habitacional, no habría casi manera de aceptarla ya que no hay banco de tierras oficial en el cual construir.
Ha sido una correcta medida la de reforzar el incremento de tasas para los lotes baldíos pero lamentablemente, cada vez son menos los que pueblan el paisaje local. Es una necesidad inmediata contar con proyectos que no solamente den respuesta a las actuales necesidades sino que también tengan previsiones a futuro.
Es difícil pensar que solo el municipio pueda encarar tamaña empresa ya que han sido lustros de imprevisión. Tampoco los privados desatenderán sus negocios por buscar soluciones a bajo costo para la gran masa de familias en dificultades. ¿Se volverá al endeudamiento a largo plazo, en este caso para la adquisición de terrenos para futuras casas? De apostarse a esto, de seguro la ciudadanía apoyaría una determinación tan fuerte como esa.
Una herramienta válida para combinar ambos sectores puede ser el Plan Estratégico. No obstante, el mismo ha caído nuevamente en el más pasmoso olvido. ¿Podrá reemplazarlo el Instiuto de la Vivienda? El organismo tuvo un gran impulso en la última parte del gobierno anterior, aunque en la práctica ha sido más mediático que efectivo. ¿Podrán recuperarse las gestiones de Lamberti y revivir aunque más no sea la mitad o parte alguna de aquella promesa? Difícilmente pueda replicarse en un ciento por ciento, aunque vale la pena intentar «atacar» la sensibilidad social de Hermes Binner y poner a prueba su compromiso de ayuda a todas las ciudades, independientemente de sus gobiernos de turno.

