Resulta complejo encontrar explicación para este momento de Unión que escape de lo mental. En la semana, los jugadores dirigidos por Martín Méndez reconocieron que «el trabajo y la entrega no se negocia». Eso queda claro en cada presentación del albiverde pero lamentablemente, es una mochila que se va cargando de frustración y se hace a cada cotejo más pesada.
Anoche, luego de tres cuartos de alternancia, Unión y Huracán de San Javier ingresaron igualados en 48 al tramo final. El mismo terminó siendo favorable a la visita 14-27, casi duplicando la producción ofensiva del elenco albiverde.
En el tramo más sensible del partido se evidenciaron las limitaciones del local que no encontró forma de vulnerar el planteo propuesto por Huracán, que en los primeros seis minutos del cuarto permitió tres conversiones de tiro libre y un triple únicamente. Demasiada poca producción para alguien que pretende ganar. A partir de allí, los de San Javier controlaron las acciones, hicieron correr el reloj y pusieron aún más presión para el local que no pudo revertir la situación, cerrando el partido 62-75.
La realidad de Unión comienza a ser preocupante por el fantasma del descenso que se encuentra más adelante. En este sentido, el Bicho Verde debe mirar hacia arriba, donde se encuentra el anteúltimo Sportivo Suardi o ahora también el rival de anoche al cual pudo haber dejado más cerca. Son tres los triunfos que los separan y evidentemente, ya no se va dependiendo de sí mismo sino de combinaciones de resultados.

