Personalmente, jamás uso en mis mensajes emoticones, avatares o emojis. No puedo reemplazar algo tan hermoso como es la palabra por un dibujito o una ridícula expresión que pretende suplantar todo el valor de un vocablo escrito. Es tal la profusión del idioma castellano que la riqueza de sus sinónimos nos engalana los labios, los ojos, el oído. Desde aquel primer balbuceo con el cual reconocemos a quien nos diera la existencia con un ma… má, vamos incorporando lo básico para nuestra vida de relación.
La familia actuará luego como provocadora del aprendizaje procurando los estímulos, el crecimiento y dominio del vocabulario para insertarnos en el mundo de convivencia y posteriormente será la escuela quien nos proveerá de un acopio más prolífico, ordenado y correcto. La lectura acompañará desde la infancia, en el seno del hogar si hay preocupación y modelos de práctica lectora; luego continuará en la escuela si se los induce por ese camino.
Un docente lector sabrá trasladar su fervor y entusiasmo inyectando tentaciones y aprecio, curiosidad y persuasión, con incentivos excitantes que provoquen apetencia; una búsqueda individual que llegará como nueva faceta para recorrer un sendero independiente que lo convertirá en lector asiduo y avezado. Todo ese bagaje constituirá su cultura, amasada en el entorno y con actores predispuestos y comprometidos.
Si hay vacíos a su alrededor, si los alicientes no aguijonean, si nadie lo induce para seguir una ruta, si los libros no tienen cabida en los estantes, el vocabulario adquirido a través de los años será escueto. ¿Podrá comunicarse con el mundo circundante? Claro que sí, existen quienes recorren una larga existencia con un parco dominio de vocablos. Pero… ¿cuánto caudal ha perdido en el camino sin poder cosechar? “Sé gual”, decía Minguito.
El español es una lengua que hablan 580 millones de personas (7,6% de la población mundial). Es el tercer idioma en internet, donde tiene gran potencial de crecimiento y lo estudian 22 millones de personas en 110 países. Es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes. “Enseñar un idioma es mucho más que enseñar un vocabulario; es compartir sus valores y mostrar una cultura de identidades abiertas y valores democráticos”, expresó Luis García Montero.
He gozado de la distinción de enseñar Lengua en el sistema educativo que incluyó las áreas de 6° y 7° grados. Esa tarea me permitió crecer en la búsqueda de metodología, conceptos, selección de textos, diversidad de ejercitación, etc. Pero toda ese trabajo se sumó a los cimientos que desde la infancia en mi pueblo incluyó el amor por la lectura, ya que en la misma escuela N° 375 “Justo José de Urquiza” funcionaba la Biblioteca Pública, con libros que fueron destellos para iluminar el intelecto y entibiar el alma. Trasladar a los alumnos el amor por el idioma y la hermandad con los libros fue entonces un camino accesible. Quiera Dios que vestigios de aquella siembra hayan originado frutos. Es la ambición de todo docente. El tema “Día del Idioma” a recordar este 23 de abril motiva estas reflexiones. Un homenaje a Miguel de Cervantes Saavedra, autor de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, obra cumbre de la literatura castellana.

