Cuando el hecho teatral sucede, el espacio es circunstancial (II)

Decía en columna anterior que Loa de Santa Fe puesta en escena en 1717, pertenece al primer texto teatral de un autor criollo que usó una geografía doméstica, propia, pero sabemos que será en Buenos Aires donde se cumplirá el proceso cultural y artístico del teatro.

La ciudad de Buenos Aires, por esos días, no contaba con espacios a tales fines y “sin dudas, el espacio escénico es uno de los elementos dramáticos ineludibles para hacer Teatro. De manera, que el espacio escénico es de vital importancia. Ahora bien, eso no significa que tiene que ser un mega escenario en una gran sala de teatro. Cualquier espacio que la obra nos “pida” puede ser el lugar indicado para que suceda el hecho teatral”. Afirma Gabriel Fiorito, conocido director teatral sunchalense.

Este concepto que con generosidad me ofreció Gabriel, sirve para entender que el 30 de noviembre de 1783 el virrey Juan José de Vértiz y Salcedo mandó crear en Buenos Aires un espacio donde presentar comedias. El lugar que se eligió se situaba entre calles Alsina y Perú. Se la conocía como la Ranchería de los Jesuitas. Ese teatrillo provisorio era un galpón de ladrillos con techo de paja, pero se lo nombró con el pomposo nombre de “Casa de las Comedias”.

Teatro de la Ranchería (Imagen: Internet).

Pero bien decía Fiorito, lo importante es que el hecho teatral suceda, por eso la autoridad tenía sus objetivos: divertir a la gente, propagar costumbres, logros y éxitos de la corona y promover el buen uso del idioma español. El mismo virrey promovía el espectáculo, redactaba el funcionamiento, controlaba el repertorio censurando lo que consideraba inconveniente. De ese modo impedía actos que denostaran a las autoridades del virreinato o al clero, a sabiendas de que, sobre el escenario, el actor se quita los prejuicios.

Para una llegada segura y cómoda al lugar, el mandatario, procuraba veredas de piedras e iluminación para el paso de los asistentes. El teatro abría sus puertas para albergar a los ciudadanos, integrantes de la burguesía porteña. El Virrey ocupaba el palco oficial sin faltar a las veladas. Se representaban obras de Lope de Vega, entre los más destacados y del porteño Lavardén. 

Siripo y el teatro de la ranchería

“Siripo” fue la primera obra de autor criollo, José de Lavardén, estrenada en Buenos Aires en 1789. Se cree que está tomada de “La Argentina”, de Ruy Díaz de Guzmán, y que habría servido de inspiración al dramaturgo Lavardén para escribir su Siripo, primera obra no religiosa.

Se trata  de una mujer cautiva y prisionera del régimen patriarcal y colonial. Transcurre en el fuerte de Sancti Spiritu, donde el cacique Mangoré se apasiona por Lucía de Miranda, invade el poblado y la rapta durante la ausencia de su esposo. Mangoré fallece en la batalla. Su hermano Siripo hereda la pasión por Lucía y la toma por esposa. El regreso de Hurtado desencadena venganzas y más muertes.

Escena de de la obra “Siripo” (Imagen: Internet).

Pero, nada es lineal y siempre ocurren hechos fortuitos o intencionados que desvían los procesos. Así fue como el improvisado teatro de comedias, depósito de productos, con techo de paja, tuvo un final trágico: fue consumido por el fuego alcanzado por un cohete lanzado desde una iglesia cercana en una fiesta patronal. Ese final se llevó, también, los libretos de Siripo. Todo quedó en cenizas.

El teatro como todas las ramas del arte, ha tenido que pasar por tiempos difíciles, sin embargo es el ser humano quien se impone sobre las adversidades y logra, como dice Fiorito “que el hecho teatral suceda”. Él sabe cómo se logra.

Griselda Bonafede

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