(Por: Pablo Pinotti) – El 10 de Agosto de 1880 nacía en el barrio de La Boca el abogado, defensor de presos políticos y gremiales, escritor, docente, orador, legislador y dirigente socialista Alfredo Palacios, hijo natural de Aurelio Palacios y Ana Ramón Beltrán, ambos uruguayos. Aurelio, era abogado y un hombre destacado de la política oriental. Doña Ana, era una mujer religiosa y fue quien introdujo al futuro dirigente socialista en la política.
Alfredo cursa sus estudios primarios en la Escuela Nº 4 del Consejo escolar 9º y los secundarios, en el Colegio Central de la calle Bolívar (luego, Colegio Nacional de Buenos Aires). De muy joven se suma al Centro Pedro Goyena, vinculado al Círculo de Obreros Católicos, que a pocos años se distancia definitivamente por diferencias ideológicas. Estudia la carrera de Derecho en la Universidad Nacional de Buenos Aires, trabajando a su vez en la dirección de Impuestos Internos. Las coincidencias con el socialismo de su época lo influyen en su tesis doctoral, titulándola: «La miseria en la República Argentina (1900)», la que fue rechazada y desaprobada por la mesa de tesis y elogiada en las páginas de La Vanguardia, en una nota de Alfredo Torcelli.
A principios del siglo XX, comienza a colaborar con el Partido Socialista, obrando como orador, dictando conferencias, etc., hasta que el 1 de septiembre de 1901 se afilia al Centro Socialista de La Plata. En ese mismo año instalada un consultorio jurídico gratuito en el Centro Socialista de La Boca ayudando a inmigrantes y trabajadores. En la puerta de la casa que alquiló hasta su muerte, ubicada en calle Charcas 4741 colgaba un cartel que decía: «Abogado, atiende gratis a los pobres». El 13 de marzo de 1904 se presenta como candidato a diputado nacional por la circunscripción cuarta de La Boca; siendo electo con 830 votos pasó a ser el primer diputado socialista de América. Ese mismo día, grupos de vecinos y vecinas, muchos de ellos inmigrantes marchaban por las calles del barrio con la música de fondo de la internacional socialista. El 1º de mayo de 1904, cuando asume en la legislatura nacional, se llevaron, por primera vez en la historia argentina, reclamos, protestas y esperanzas de la clase trabajadora.
Entre los proyectos de su carrera como legislador figuran: Descanso dominical; Reglamentación del trabajo de mujeres y niños; Organización del departamento nacional del trabajo; Jubilación y sueldos del magisterio; Contra la trata de blanca; Inembargabilidad de sueldos; Pensiones y jubilaciones; Pensiones y jubilaciones ferroviarias; Régimen de las agencias particulares de colocación; Indemnización por accidentes de trabajo; Reglamentación del trabajo a domicilio; Protección al personal del trabajo marítimo; Jubilaciones y pensiones para obreros y empleados de empresas particulares; Salario mínimo para obreros y empleados; Jubilaciones y pensiones de empleados bancarios; Pago de salarios en moneda nacional; Prohibición del trabajo nocturno en las panaderías; Régimen legal de las Cooperativas; Jubilación de obreras que trabajan a domicilio para el Estado; Jornada máxima de ocho horas; Censo de desocupados; Sábado inglés; entre otros. Su inmensa obra legislativa no admite parangón en los anales parlamentarios. Se lo considera como el iniciador de la legislación social en la Argentina, fruto de su creatividad y su acción introduciendo principios revolucionarios en una época conservadora. El militante socialista estrenó su banca de legislador con un vibrante discurso en contra de la nefasta Ley de Residencia. Decía Palacios: «Pero, señor!, si no hay una ley que castigue lo que no es un delito, si esa propaganda anarquista todavía no tiene los caracteres que la hacen punible, si todavía no ha adquirido esa forma externa a que se refiere el señor Cané, ¿cómo es posible, entonces, que nosotros sostengamos que se debe castigar? Es precisamente aquí en donde se pone de manifiesto todo lo deleznable de la argumentación que ha sostenido el señor ministro informante, cuando nos decía que no se trata de una pena, siendo así que el señor Cané precisamente nos prueba con su argumentación, que se trata de imponer una pena por una ley de excepción. Estas incongruencias en que caen los hombres que harto saben de leyes, vienen a poner de manifiesto, de una manera que no permite la más leve duda, lo que he dicho antes de ahora: se ha buscado un pretexto para matar las ideas. Pero ya sabemos que no es posible detenerlas, que cuando aparecen en la forma en que se presentan las ideas nuevas, cualesquiera que ellas sean, es claro que todos los valladares, que todos los obstáculos, que todos los inconvenientes que se opongan a su paso no han de hacer sino acrecentar la ola cuyo empuje es cada vez mayor». Desde el Senado luchó contra el monopolio del transporte, por la nacionalización del petróleo, de los ferrocarriles y de la tierra y denunció la penetración extranjera. Defendió al periodista José Luis Torres, autor del término «década infame» y quien le aportó las pruebas del negociado de El Palomar, y denunció los negocios non sanctos del grupo Bemberg. Como destacado político, en el año 1925 junto a otros intelectuales, fundó la Unión Latinoamericana, basada en el fortalecimiento de los países ante el sometimiento de la hegemonía imperialista de Estados Unidos.
Fue también un importante educador ocupando cargos como Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Plata, Presidente de la Universidad Nacional de La Plata, Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires, Fundador de la Cátedra de Legislación del Trabajo de la Facultad de Ciencias Económicas, apoyó activamente la Reforma Universitaria de 1918 y fue galardonado con los títulos de Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa en San Marcos, Bolivia, Cuzco, Asunción, Montevideo y Río de Janeiro.
A fines de julio del 30 es elegido decano de la Facultad de Derecho. Palacios se dirige a los estudiantes que han sido maltratados por la policía y si bien es contrario al gobierno de Yrigoyen, se pronuncia contra el golpe de José Félix Uriburu. Dijo entonces: «Es, en efecto, un gobierno inepto el de nuestro país, pero la juventud debe fiscalizar celosamente a la oposición, que no siempre es digna y detrás de la cual se agazapa el ejército. La juventud no podrá honrosamente llamarse así si permitiera, sin que la masacren, que gobernara el país una dictadura militar. En mi carácter de de decano de esta casa de estudios, declaro que si se constituye una junta militar, dictaré en el acto un decreto repudiándola y desconociéndola, e incitando a la juventud a que se prepare a derrocarla, aún con el sacrificio de sus vidas.»
En 1937, costeado de su propio dinero, Palacios recorre Santiago del Estero, Salta, Tucumán y Jujuy. Se contacta con Salvador Mazza -que trabaja sobre el mal de Chagas-, quien le entrega un informe sobre la grave situación sanitaria de la región y las necesidades de tener viviendas dignas, y Palacios presenta en el Senado su Plan Sanitario y Educativo de Protección a los Niños. En 1938 presenta el proyecto de ley de voto femenino, que no es siquiera tratado en su momento y que luego el peronismo convertirá en ley en 1947.
Durante el gobierno peronista, el Partido Socialista es atacado en actos, baleado por la Alianza Libertadora Nacionalista, que cuenta con el absoluto amparo de la policía. Palacios sostiene que actúan dominados por «la obsesión de los totalitarios: que no haya adversarios». Para Palacios, Perón no es su enemigo sino un adversario; reconoce en él a un «distinguido técnico militar» pero no a un estadista. Perón, por su parte, decía que Palacios era un payaso; cuando intentaron acercarlos algunos dirigentes, Palacios les dijo: «Dígale a Perón que este payaso no trabaja en ese circo».
El 10 de Agosto de 1880 nacía en el barrio de La Boca el abogado, defensor de presos políticos y gremiales, escritor, docente, orador, legislador y dirigente socialista Alfredo Palacios, hijo natural de Aurelio Palacios y Ana Ramón Beltrán, ambos uruguayos. Aurelio, era abogado y un hombre destacado de la política oriental. Doña Ana, era una mujer religiosa y fue quien introdujo al futuro dirigente socialista en la política.
Alfredo cursa sus estudios primarios en la Escuela Nº 4 del Consejo escolar 9º y los secundarios, en el Colegio Central de la calle Bolívar (luego, Colegio Nacional de Buenos Aires). De muy joven se suma al Centro Pedro Goyena, vinculado al Círculo de Obreros Católicos, que a pocos años se distancia definitivamente por diferencias ideológicas. Estudia la carrera de Derecho en la Universidad Nacional de Buenos Aires, trabajando a su vez en la dirección de Impuestos Internos. Las coincidencias con el socialismo de su época lo influyen en su tesis doctoral, titulándola: «La miseria en la República Argentina (1900)», la que fue rechazada y desaprobada por la mesa de tesis y elogiada en las páginas de La Vanguardia, en una nota de Alfredo Torcelli.
A principios del siglo XX, comienza a colaborar con el Partido Socialista, obrando como orador, dictando conferencias, etc., hasta que el 1 de septiembre de 1901 se afilia al Centro Socialista de La Plata. En ese mismo año instalada un consultorio jurídico gratuito en el Centro Socialista de La Boca ayudando a inmigrantes y trabajadores. En la puerta de la casa que alquiló hasta su muerte, ubicada en calle Charcas 4741 colgaba un cartel que decía: «Abogado, atiende gratis a los pobres». El 13 de marzo de 1904 se presenta como candidato a diputado nacional por la circunscripción cuarta de La Boca; siendo electo con 830 votos pasó a ser el primer diputado socialista de América. Ese mismo día, grupos de vecinos y vecinas, muchos de ellos inmigrantes marchaban por las calles del barrio con la música de fondo de la internacional socialista. El 1º de mayo de 1904, cuando asume en la legislatura nacional, se llevaron, por primera vez en la historia argentina, reclamos, protestas y esperanzas de la clase trabajadora.
Entre los proyectos de su carrera como legislador figuran: Descanso dominical; Reglamentación del trabajo de mujeres y niños; Organización del departamento nacional del trabajo; Jubilación y sueldos del magisterio; Contra la trata de blanca; Inembargabilidad de sueldos; Pensiones y jubilaciones; Pensiones y jubilaciones ferroviarias; Régimen de las agencias particulares de colocación; Indemnización por accidentes de trabajo; Reglamentación del trabajo a domicilio; Protección al personal del trabajo marítimo; Jubilaciones y pensiones para obreros y empleados de empresas particulares; Salario mínimo para obreros y empleados; Jubilaciones y pensiones de empleados bancarios; Pago de salarios en moneda nacional; Prohibición del trabajo nocturno en las panaderías; Régimen legal de las Cooperativas; Jubilación de obreras que trabajan a domicilio para el Estado; Jornada máxima de ocho horas; Censo de desocupados; Sábado inglés; entre otros. Su inmensa obra legislativa no admite parangón en los anales parlamentarios. Se lo considera como el iniciador de la legislación social en la Argentina, fruto de su creatividad y su acción introduciendo principios revolucionarios en una época conservadora. El militante socialista estrenó su banca de legislador con un vibrante discurso en contra de la nefasta Ley de Residencia. Decía Palacios: «Pero, señor!, si no hay una ley que castigue lo que no es un delito, si esa propaganda anarquista todavía no tiene los caracteres que la hacen punible, si todavía no ha adquirido esa forma externa a que se refiere el señor Cané, ¿cómo es posible, entonces, que nosotros sostengamos que se debe castigar? Es precisamente aquí en donde se pone de manifiesto todo lo deleznable de la argumentación que ha sostenido el señor ministro informante, cuando nos decía que no se trata de una pena, siendo así que el señor Cané precisamente nos prueba con su argumentación, que se trata de imponer una pena por una ley de excepción. Estas incongruencias en que caen los hombres que harto saben de leyes, vienen a poner de manifiesto, de una manera que no permite la más leve duda, lo que he dicho antes de ahora: se ha buscado un pretexto para matar las ideas. Pero ya sabemos que no es posible detenerlas, que cuando aparecen en la forma en que se presentan las ideas nuevas, cualesquiera que ellas sean, es claro que todos los valladares, que todos los obstáculos, que todos los inconvenientes que se opongan a su paso no han de hacer sino acrecentar la ola cuyo empuje es cada vez mayor». Desde el Senado luchó contra el monopolio del transporte, por la nacionalización del petróleo, de los ferrocarriles y de la tierra y denunció la penetración extranjera. Defendió al periodista José Luis Torres, autor del término «década infame» y quien le aportó las pruebas del negociado de El Palomar, y denunció los negocios non sanctos del grupo Bemberg. Como destacado político, en el año 1925 junto a otros intelectuales, fundó la Unión Latinoamericana, basada en el fortalecimiento de los países ante el sometimiento de la hegemonía imperialista de Estados Unidos.
Fue también un importante educador ocupando cargos como Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Plata, Presidente de la Universidad Nacional de La Plata, Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires, Fundador de la Cátedra de Legislación del Trabajo de la Facultad de Ciencias Económicas, apoyó activamente la Reforma Universitaria de 1918 y fue galardonado con los títulos de Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa en San Marcos, Bolivia, Cuzco, Asunción, Montevideo y Río de Janeiro.
A fines de julio del 30 es elegido decano de la Facultad de Derecho. Palacios se dirige a los estudiantes que han sido maltratados por la policía y si bien es contrario al gobierno de Yrigoyen, se pronuncia contra el golpe de José Félix Uriburu. Dijo entonces: «Es, en efecto, un gobierno inepto el de nuestro país, pero la juventud debe fiscalizar celosamente a la oposición, que no siempre es digna y detrás de la cual se agazapa el ejército. La juventud no podrá honrosamente llamarse así si permitiera, sin que la masacren, que gobernara el país una dictadura militar. En mi carácter de de decano de esta casa de estudios, declaro que si se constituye una junta militar, dictaré en el acto un decreto repudiándola y desconociéndola, e incitando a la juventud a que se prepare a derrocarla, aún con el sacrificio de sus vidas.»
En 1937, costeado de su propio dinero, Palacios recorre Santiago del Estero, Salta, Tucumán y Jujuy. Se contacta con Salvador Mazza -que trabaja sobre el mal de Chagas-, quien le entrega un informe sobre la grave situación sanitaria de la región y las necesidades de tener viviendas dignas, y Palacios presenta en el Senado su Plan Sanitario y Educativo de Protección a los Niños. En 1938 presenta el proyecto de ley de voto femenino, que no es siquiera tratado en su momento y que luego el peronismo convertirá en ley en 1947.
Durante el gobierno peronista, el Partido Socialista es atacado en actos, baleado por la Alianza Libertadora Nacionalista, que cuenta con el absoluto amparo de la policía. Palacios sostiene que actúan dominados por «la obsesión de los totalitarios: que no haya adversarios». Para Palacios, Perón no es su enemigo sino un adversario; reconoce en él a un «distinguido técnico militar» pero no a un estadista. Perón, por su parte, decía que Palacios era un payaso; cuando intentaron acercarlos algunos dirigentes, Palacios les dijo: «Dígale a Perón que este payaso no trabaja en ese circo».
Mientras preside el Congreso Nacional del Derecho del Trabajo organizado por la Universidad de Tucumán viaja a Cuba y adhiere a la Revolución Cubana que está en marcha. Pese a su adhesión «formal», en el PSA hay clima de ruptura porque defienden la línea de acción cubana a la que Palacios y Alicia Moreau se oponen. No obstante las disidencias, el PSA designa a Palacios candidato a senador para las elecciones del 5 de febrero de 1961 y triunfa. Lo primero que hace es visitar a los presos políticos y gremiales. El 20 de mayo de 1961, revólver en mano, Palacios secuestra una picana eléctrica empleada por la policía de San Martín. Días antes, había interpelado al ministro del Interior de Frondizi, Alfredo Vítolo por la ley marcial, las torturas policiales, las proscripciones políticas y los presos. Dos años más tarde, se presenta como candidato a presidente de la Nación.
Varios años posteriores a su fallecimiento, a través de la Fundación que lleva su nombre, se logró recuperar la casa que alquiló la familia Palacios de 1898 hasta su muerte en 1965. Actualmente es la sede de la Fundación Alfredo L. Palacios. En la misma podemos encontrar la que fuera la biblioteca personal del legislador, con 20.000 libros que pertenecieron a este, ejemplares que contienen marcas y notas que Palacios escribió en cada uno ellos al ser leídos.
El 20 de abril de 1965, a los 86 años deja de existir un gran hombre, dejando una inmensa obra por los derechos sociales y enseñanzas imborrables al pueblo argentino. Mientras preside el Congreso Nacional del Derecho del Trabajo organizado por la Universidad de Tucumán viaja a Cuba y adhiere a la Revolución Cubana que está en marcha. Pese a su adhesión «formal», en el PSA hay clima de ruptura porque defienden la línea de acción cubana a la que Palacios y Alicia Moreau se oponen. No obstante las disidencias, el PSA designa a Palacios candidato a senador para las elecciones del 5 de febrero de 1961 y triunfa. Lo primero que hace es visitar a los presos políticos y gremiales. El 20 de mayo de 1961, revólver en mano, Palacios secuestra una picana eléctrica empleada por la policía de San Martín. Días antes, había interpelado al ministro del Interior de Frondizi, Alfredo Vítolo por la ley marcial, las torturas policiales, las proscripciones políticas y los presos. Dos años más tarde, se presenta como candidato a presidente de la Nación.
Varios años posteriores a su fallecimiento, a través de la Fundación que lleva su nombre, se logró recuperar la casa que alquiló la familia Palacios de 1898 hasta su muerte en 1965. Actualmente es la sede de la Fundación Alfredo L. Palacios. En la misma podemos encontrar la que fuera la biblioteca personal del legislador, con 20.000 libros que pertenecieron a este, ejemplares que contienen marcas y notas que Palacios escribió en cada uno ellos al ser leídos.
El 20 de abril de 1965, a los 86 años deja de existir un gran hombre, dejando una inmensa obra por los derechos sociales y enseñanzas imborrables al pueblo argentino.

