Resulta complejo encontrar explicaciones a este tipo de partidos, que se dan de forma muy esporádica y que en este caso, tuvo a Libertad como cómodo dominador primero para luego pasar a ser sometido con amplitud. Todo en unos pocos minutos.
Transcurriendo el segundo cuarto, Libertad pareció que tenía el partido controlado, que aquel juego característico del primer tramo de la competencia que precisamente le valió la clasificación a este certamen, volvía a aparecer. El 35-18 con el cual disputaban la mitad del segundo chico, presagiaba un juego totalmente diferente al que se daría en el complemento.
Los números son por sí mismos largamente elocuentes: los aurinegros convirtieron 30 puntos en todo el complemento, Obras hizo 31 sólo en el tercer cuarto… y 25 más en el último, con lo cual ganó la segunda mitad por 30-56. El local convirtió desde cualquier lugar y Libertad entró en una confusión sin fin, con pérdidas, lanzamientos sin efectividad, falta de rotación, una combinación de debacle total pocas veces vista.
Los minutos pedidos por la visita no daban resultados, ni tampoco los cambios de sistema, mientras que el marcador se dio vuelta y Obras fue alejándose con rapidez hasta llegar a un techo de 24 puntos (62-86).
El final terminó siendo lo mejor que le pudo suceder a un equipo que deberá trabajar mucho desde lo mental para evitar repetir este tipo de actuaciones ya que literalmente le costó el partido. No hubo desde el banco ninguna alternativa que diera resultado y Müller terminó mirando impávido y tratando de encontrar alguna respuesta a lo que sucedía en el campo de juego.

