(Por: La Viaraza Colectiva Sunchales) – Desde la antigüedad, los sistemas enunciativos del campo de la salud mental han sido sesgados por el paradigma heteronormativo, en tanto régimen social que impone creencias, imperativos morales, modalidades aperceptivas y prácticas que establecen a la heterosexualidad como única vía válida (Martínez, 2016). En este paradigma las personas con identidades de género y orientaciones sexuales disidentes (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, queer e intersexuales) eran vistas colectivamente como el producto de experiencias traumáticas, anomalías neurobiológicas o degradaciones de la conciencia moral (Ardila, 2007).
En el año 1970 la Asociación de Psicología Americana declara que las orientaciones sexuales e identidades de género no revisten carácter patológico alguno sino que forman parte de la variabilidad de la sexualidad humana y, posteriormente crea el área 44 destinada al estudio de la diversidad sexual desde una perspectiva afirmativa despatologizante (APA, 2015). Las investigaciones señalan que es la homo-lesbotransfobia la responsable de las principales fuentes de malestar al que las personas de sexualidades disidentes deben responder y no su orientación sexual, identidad u expresión de género (Borges, 2008).
En la provincia de Santa Fe, se estima que 1 de cada 10.000 niños experimenta sentimientos de inconformidad o incongruencia con el género asignado al nacer (Helien y Piotto, 2012). Asimismo, en distintos equipos de salud se registra un aumento del cuádruple de las consultas por parte de familias que aluden que sus hijxs experimentan “disforia de género” (Rodriguez et Al, 2014). Por este motivo, desde La Viaraza Colectiva de la ciudad de Sunchales decidimos convocar a Javier Panziera, Especialista en Psicoterapia Familiar. Coordinador del Proyecto Género y Familia en Altué Rosario e integrante del Equipo de la Subsecretaría de Políticas de Diversidad Sexual de la Provincia de Santa Fe, para brindar a la comunidad, herramientas especializadas dentro de los sistemas de salud y educativos, articulando recursos de forma transversal con distintos actores e instituciones necesarios para que lxs niñxs y adolescentes puedan acceder plenamente a su derecho a la identidad.
Por lo anteriormente expresado, consideramos a la inclusión de género una forma de justicia social en todos los sistemas involucrados en la vida de la familia, enmarcada en la convención internacional de los derechos del niño, ley nacional de Identidad de Género, las ley provincial de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes y por último en el decreto provincial de Programas de Asistencia y Protección de los Derechos de Personas LGBTQI+.
Esperando contar con su presencia y su difusión correspondiente hacia el interior de las instituciones que habita, saludamos atentamente.

