El 18 de mayo de 1868, el ministro Simón de Iriondo firmaba el contrato formal de la nueva Colonización sunchalense. Del otro lado de la mesa, se encontraba el belga Carlos De la Mot, quien lamentablemente quedaría recordado por el escaso apego demostrado a la empresa y por haber erigido una fastuosa construcción, para muchos, encarnando nada menos que un castillo.
Muy poco tiempo demandó el generarse un amplio desconcierto entre las familias que el proyecto había logrado atraer la atención, las cuales eran colonos europeos (italianos, franceses, suizos, entre otros). Ya en 1872 se produjo una concatenación de hechos desafortunados que derivaron en el desalojo de la Colonia por parte de sus escasos habitantes que todavía permanecían.
La falta de buenas cosechas, sumado a la escasez de alimentos y el inminente retiro de la protección del Fuerte, junto a la ausencia de quien debía comandar el asentamiento, expulsó a varias familias a la zona de Esperanza. Los inconvenientes por el idioma, la religión, las monedas y las costumbres imperantes se transformaron en el desencadenante final para la disolución del emprendimiento desarrollador, el cual, para ser realidad, debía más adelante tener un tercer y definitivo intento.


