Cuando paso frente a ella

La ciudad se recorre en múltiples situaciones para cumplir con las obligaciones cotidianas o disfrutar de encuentros, reuniones, búsquedas, una diversidad de acciones hacia las cuales nos dirigimos caminando o bien en diversos vehículos que nos simplifican el esfuerzo de recorrer, para quienes ya descolgamos varias décadas del almanaque.

Un orgullo proclamar la edad, sinceridad y franqueza que no todas las damas enfrentan. Recuerdo a mi padre, orgulloso de sus noventa superados y mi madre al revés, calladita por demás. Decidí tomar el ejemplo de mi progenitor y jamás escucharán una falsedad sobre el año de mi nacimiento, aquel dichoso abril en mi querido pueblo cercano.

Cuando paso frente a ella y estoy hablando de la Iglesia, nuestro Templo Parroquial que mira hacia el sur, ese punto cardinal desde la plaza transmite y despliega su mensaje, entonces aflora automáticamente la señal de la cruz o un veloz Padre Nuestro pero la puerta está allí, invitando, porque atrae con un vigor invisible pero poderoso.

Un sacerdote de la familia, residente en Villa María, Córdoba (Padre O. Lamberti Duarte) me aconsejó: “Rezá siempre frente al Cristo
Consagrado¨)… y allí Él se encuentra sobre el altar cada jueves, esperándonos…

Penetrar en ese silencio cualquier día y hora, el ámbito que los sábados y domingos vemos habitualmente colmado, nos cobija igual con su
totalidad todos los jueves, frente a diez, quince, veinte, etc., fieles creyentes.

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