
La figura de María Cornaglia de Abrate, para muchos resulta casi desapercibida. Para otros, será su lugar de residencia, puesto que una de las calles de la ciudad lleva su nombre.
Al mismo tiempo, para quienes ya acumulan algunas décadas de vida, será la enfermera que visitaban fuera de hora, en su vivienda a metros del hospital y que seguía desarrollando con pasión su actividad, colocando inyecciones (en épocas donde aún no estaban los descartables plásticos y todo se debía hervir para esterilizar) y ofreciendo sus conocimientos a quien lo requiriera.
Un recuerdo para la posteridad
Transcurrían los últimos meses del año 1999 cuando la gestión de Oscar Trinchieri, por ese entonces al frente del Municipio, convocó a entidades y particulares para que propongan ciudadanos destacados por su labor en diferentes áreas.
En dicho trabajo de nomenclación y recopilación, que luego se plasmó en una publicación gráfica, se encontraba la figura de María Cornaglia de Abrate, cuyo apartado compartimos a continuación:
Una vida abnegada
Comenzó el ejercicio de su profesión en el Policlínico Sunchales, dedicándose por entero a la actividad, que siente y quiere con gran pasión.
Dueña de una personalidad especialísima, supo responder a la necesidad de los enfermos con palabras austeras pero precisas que reconfortan a éstos en su dolor.
Ejerció durante 19 años, jubilándose en 1962, pero sin retirarse definitivamente de la actividad sino que continuó por muchos años practicándola, tanto en su domicilio como en los hogares de un gran número de familias sunchalenses a las que sintió como sus amigos.
Vocación, solidaridad, entusiasmo, jovialidad y un profundo amor por los que sufren, son términos que definen con precisión a doña María.

