Renacimiento vital de la Sociedad Italiana

Aquellos hombres llegados desde la península itálica a la América anhelada depositaron en estas tierras el hábito europeo del mutualismo, que añadieron a la colonización habitual en este pueblo llamado Sunchales. Los muros se levantaron sólidos y bajo esas paredes sembraron el hacer, la comunión de ideas, la confluencia del trabajo, el trascendental nacimiento.

La gélida tarde de mayo no amilanó a los organizadores y la calle Italia cobró su vigor para reunir al público con los patriarcas de la hazaña que produjo el renacimiento de aquel edificio portando el nombre de Alfredo Cappellini. Los 100 años y los 125 produjeron revistas históricas para dejar testimonios a través de los tiempos. Mónica Ravazzani condujo este acontecimiento con su idoneidad habitual.

“Fue la primera organización de carácter mutual y recreativo de Sunchales. El 27 de septiembre de 1891, un grupo de veinticinco pioneros se reunió en la fonda de Ángel Gamba para redactar los principios y fines de una entidad mutual que nucleaba a todos los inmigrantes del mismo origen que habitaban la colonia y sus alrededores. El 4 de octubre de 1891 fundaron la Italiana (Prof. Calamari).

Hoy constan testimonios escritos en muros añosos vestidos de modernidad, un valioso rescate de la historia para convertir en eternos los sucesos que esa historia atesora en manos de hacedores actuales capacitados, entusiastas, comprometidos e incansables.

En la gélida tarde de mayo se reunieron organizadores y el público para evocar la historia y dar a conocer el presente. El Dr. Bosco, presidente de la institución, Rodolfo Giacossa (en representación del Gobernador), el Intendente Pablo Pinotti, el Senador Alcides Calvo (quien entregó una nueva bandera italiana), el Padre Fernando Sepertino con su bendición y luego el corte de cintas, todo fue preliminar, como la actuación de la Banda Municipal bajo la conducción del Prof. Emanuel Onisimchuk.

Cruzar ese umbral añoso y cálido, receptivo, cargado de historia, de días y noches teñidas de sueños, de hacer, de ilusiones y realidades nos transportó al ayer pero con brillo de valiosa recuperación y minuciosa tarea de cada uno de los miembros responsables que se pusieron el compromiso al hombro.

Con los comentarios nos dieron clarividencia sobre lo remodelado, lo añadido con gusto y arte, lo previsto para el futuro, porque se avanza según las necesidades y la valiosa recaudación en el tiempo y la participación de la comunidad en su conjunto.

Un brindis propuesto, el tintineo de las copas, los abrazos y saludos, las ilusiones para el mañana y, casi imperceptible, la mirada de Alfredo Cappellini y… ¿por qué no? La de todos aquellos que estamparon sus firmas en la amarillez de las páginas del primer Libro de Actas, valioso cofre de palabras, ideas y acciones.

Libros que continúan su trayectoria, donde el Dr. Bosco junto a cada valioso y desinteresado colaborador estampan las acciones permanentes para hilvanar obras, tal como lo soñaron los pioneros llegados de la península itálica.

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