Día del Maestro: y nuestro Día transcurrió…

Ya no fue como antes, rodeada de alumnos engalanados por sus madres para la ocasión, para celebrar el Día del Maestro evocando a Domingo Faustino Sarmiento, fallecido en Uruguay el 11 de septiembre de 1888.

Alguien escribió sobre él: “Vivió 77 años, pero fue como si hubiera existido 200 años”, tal era la profusión de obras realizadas”. Tuve la suerte de concretar la escuela primaria en un edificio donde también funcionaba la Biblioteca del pueblo, de carácter público y llamada “Sarmiento”. Por unas simples monedas me asociaba año tras año y pude “devorar” a los mejores autores nacionales y de otras geografías. Con mi primer sueldo como maestra compré mi primera literatura.

Una valiosa colección de biografías eran editadas por Billiken, que también publicaba la Revista deportiva “El Gráfico”, páginas que reemplazaban los libros de historia y nos traían un material ilustrativo maravilloso, ya que no teníamos computadoras ni televisores.

Esos libros me llevaron a conocer profundamente la vida de los próceres porque estaban adaptados a mi edad, pero no todos los niños eran proclives a la lectura libre o domiciliaria. Recuerdo haber leído en 6º grado “El Santo de la espada”, la vida completa de San Martín, escrita por Leopoldo Lugones; luego llegaron los demás: “La infanta mendocina” (vida de Merceditas, la hija del prócer), Manuel Belgrano, Juan M. de Güemes, Juan M. de Rosas, “Facundo” (El tigre de los llanos”) y la vida de los extranjeros: Chopin, Reina Isabel, etc.

En este mundo moderno donde nos maravillamos por los avances de la ciencia, la tecnología, me lleva a pensar en las ausencias, la falta de conocimientos o intereses. Los alumnos son atrapados por otras redes, propuestos desde los mecanismos de la actualidad, no siempre bien orientados por intereses comerciales.

La TV y su predilección por los escándalos; las figuras que buscan especialmente pantallas para mostrar o dar a conocer sus nombres y hasta las peleas, insultos, celos y altercados sobrepasan esos tiempos que podrían (o debieran) utilizarse para instruirnos y valorar nuestra historia. Todo ocurre a diario, pero depende de nosotros: consumir (malgastando tiempo) o distinguir lo apto.

En “Encuentro” (de la TV) he revivido partes muy valiosas de nuestra historia, de Argentina y América.

Un ficticio Sarmiento, preparando su clase con una notebook (IA).

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