El debate en Santa Fe: ¿Bicameralidad?

(Por: Lic. Miguel Gómez – Departamento de análisis Funif) – Interesantes tiempos políticos corren en Santa Fe. Quienes han sido oposición hasta ahora comienzan a desandar un camino que inexorablemente los conducirá al sillón del Brigadier López en diciembre. Quienes han sido oficialismo durante casi 24 años comienzan a prepararse para cumplir un rol que hasta ahora nunca habían ejercido. Y con este cambio comienzan a vislumbrarse también lo que serán los debates más importantes de la época que se avecina: descentralización de algunas áreas y entes del gobierno, reforma en la Justicia, formas de financiar la siempre pendiente obra pública y porqué no la reforma de la Constitución Provincial.

En este sentido, una de las instituciones que comienzan a ser puestas en debate es la de la bicameralidad. Se la objeta desde varios francos ideológicos: desde cierto liberalismo imperante hasta finales de la década pasada, por ser muy costosa. Desde cierto progresismo local, por no representar la voluntad popular. Pero digámoslo claramente: la crítica recae sobre la institución Senado que, casualmente, tiene y tendrá mayoría a partir de diciembre el partido que ha conducido los destinos de esta provincia desde 1983.

Antes de cualquier comentario en este sentido señalemos dos cuestiones básicas de la Constitución de Santa Fe, sancionada allá por abril de 1962 que, aclaremos, se sancionó con un peronismo proscripto.

La primera cuestión pasa por explicar que la Carta Magna vigente, a los fines de garantizar la gobernabilidad que se carecía en la década del 60, otorga en la Cámara de Diputados, una representación que no coincide con ningún tipo de proporcionalidad. ¿Cómo se entiende esto? Se asigna algo más del 50% de los escaños al partido o frente que obtiene la mayoría simple, ya que sobre 50 diputaciones, 28 van a parar a manos del triunfador, sin importar los porcentajes. En buen romance, si éste frente o partido ganara por poquísimos votos la elección, se queda con una mayoría que no se condice con la realidad. Esto no ocurre en la Cámara de Senadores donde se llega al cargo (que es único, lo que en la teoría política se conoce como uninominal) por mayoría simple.

La segunda cuestión a señalar es que la Constitución santafesina consagra el principio de bicameralidad en línea con lo dispuesto por la Constitución Nacional de 1853, pensada por Juan B. Alberdi. En ella, desde siempre lo hemos sabido, los diputados representan al pueblo de la nación, mientras que los senadores representan a las provincias. Nuestra Carta Magna provincial utiliza un sistema similar de representación: la Cámara de Diputados también representa al pueblo como un solo cuerpo, mientras que la históricamente llamada Cámara Alta, representa a los departamentos. En ambos cuerpos normativos, los diputados se elegían por sistema proporcional y los senadores de manera uninominal, teniendo el detalle la Constitución de Santa Fe, que 30 años antes que la Nacional garantizó la elección popular para los Senadores.

Lo que el legislador quiso garantizar al imponer la bicameralidad, siempre nos lo han enseñado, era que las provincias o departamentos (según fuera el caso), menos poblados, tuvieran las mismas posibilidades de representación política que los grandes conglomerados. Ya se vislumbraba allá por 1853, que existían regiones que tenderían a crecer de manera diversa entre sí. Por lo tanto, al necesitarse que ambas cámaras aprueben las leyes, se intentaba ajustar a través del derecho positivo lo que la evolución “natural” de nuestro país y provincia daban por hecho. Es cierto que resulta un artificio, pero no es menos válido que es un artificio que viene a suplir las graves diferencias del desarrollo nacional.

Si bien la cantidad de votos para el cargo de Senador a lo largo y ancho de toda la provincia, no se condice con la proporción de escaños obtenidos por las dos fuerzas mayoritarias, esto no resulta central en el análisis. Y esto es así porque la Cámara de Senadores, nunca fue pensada como una instancia que debía quedar sujeta a la proporcionalidad de los votos, sino que, desde siempre, se utilizó la figura de la mayoría simple. Por ello también, el cargo es uninominal. A la hora de estudiar sistemas electorales, Nohlen nos habla de dos sistemas perfectamente diferenciados: proporcionalidad y mayoría simple. Analizar la proporcionalidad que puede tener el voto santafesino en el Senado, es como poner a la Biblia junto al calefón. Tienen naturalezas distintas y por lo tanto comportamientos distintos.

Pero en definitiva, seamos justos, lo que hemos dicho hasta aquí pasa por una cuestión de gustos. Quienes son partidarios de la unicameralidad, además de tener todo el derecho de serlo, pueden justificar su pensamiento en que parte de la solución a los problemas de Santa Fe pasan por allí. Pero lo que no pueden hacer estos sectores es negar la realidad tapando el sol con la mano.

El 2 de setiembre la sociedad santafesina dio una lección cívica al conjunto del sistema político regional y nacional. Y esto es así no sólo por la contundencia que se expresó con la idea del cambio en muchos cargos ejecutivos, sino porque también utilizó una herramienta básica del votante medio: el corte de boleta. Veamos algunos números.

En Rafaela, por ejemplo para el cargo de gobernador y vice, la fórmula del Frente Progresista obtuvo el 42,5% de los votos contra algo más del 40% del Frente Para la Victoria. Pero para el cargo de intendente, esta ecuación se revierte de manera notable ya que el FPV alcanza casi el 50% contra el casi 30% del FPCS. Para el caso de los senadores que es lo que nos interesa en este artículo, el FPV llega al 45% contra 35% del FPCS. No queremos llenar al lector de datos que abruman, pero esta situación en donde se preserva al candidato “local” a Senador, prefiriéndose la figura de Hermes Binner para Gobernador se repite en varias localidades y departamentos como Caseros y Gral. López, entre otros. Prueba de ello es el hecho de que el FPCS obtiene 92000 votos menos para los cargos de Senador que para la primera magistratura, mientras que el FPV reduce su voto a Senador en 13000 votos.

Esto refleja que la sociedad santafesina prefirió otras opciones para cubrir cargos en la llamada Cámara Alta. En definitiva, la mayoría justicialista en el Senado, obligará a la coalición electa a estrechar lazos y buscar consensos que garanticen las reformas que Santa Fe necesita y que sabemos es la base de todo proceso democrático que se precie de tal.

Por último cabe señalar un último argumento. Una vez más, en la elección del pasado 2 de setiembre, el pueblo no se ha equivocado en su sabia decisión. El cambio ha sido tan “pensado” y “meditado” como lo fueron las continuidades del pasado y del presente. Son muchos los elementos que pueden explicar los resultados alcanzados y parte de la política que se viene. El voto, es bueno recordarlo, no es más que una foto que responde a un momento histórico dado, con singularidades y generalizaciones y al cual no se le puede “achacar” las calidades de las gestiones que emprenden quienes triunfan. Esa foto, con el paso del tiempo, es un maravilloso recuerdo para algunos y un pesado y trago amargo para otros, pero es en definitiva, inexorable. Será cuestión de que cada parte se haga cargo del álbum familiar.

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