Una forma de estar presentes en esta jornada tan especial con aquellos que durante años se esmeran para formarnos como personas es regalarle un poema, un ramo de flores o un arreglo. Natural se suma a esta fecha con el homenaje, a través de Carlos Fuentealba, a todos los maestros que día a día luchan por mantener viva la llama de la Educación.
El poema reproducido a continuación pertenece a Jacinto Velázquez. El escrito se encuentra presente en los establecimientos educativos de la ciudad, a través de gigantografías aportadas por el gremio de Atilra el año pasado.
Cuando las tizas se manchan
con la sangre de un maestro,
se callan los pizarrones
y lucen su moño negro;
las aulas pierden bullicio
todo se vuelve silencio,
los patios de las escuelas
parecen un cementerio,
y en lugar de algarabía
sólo escuchamos el viento,
corriendo como un fantasma
con un quejido siniestro.
Cuando las tizas se manchan
con la sangre de un maestro,
ya no sirven los pupitres
se marchitan los cuadernos,
y junto a Carlos Fuentealba
hay miles de niños muertos.
Jacinto Velázquez.

