Sabido es que, en épocas complicadas económicamente, uno tiene que buscar entre los mejores recursos, tal el caso de la previsión, organización y porqué no también, la innovación. Mientras algunos comerciantes se apegan a estas premisas y organizan concursos, promociones y acciones para lograr mejores ventas, otros acortan camino.
Este es el caso de los conocidos «precios tarjeta». Las prestadoras de tarjetas de crédito locales deberían conocer que hay negocios en los cuales sus plásticos, en lugar de ser un beneficio, terminan transformándose en un inconveniente.
«El precio que ves (en vivo o en la web, es válido para ambos casos) es el de tarjeta. Si pagás en efectivo tiene un descuento», dicen/responden sin ponerse colorados. De esta forma, el usar financiación local es «castigado» con un incremento que no debería ser tal. Pero hay más aún «si pagás con Ahora 12, al precio se le suma un poco más», independientemente que la compra sea entre jueves y domingo… o sea, dos aumentos al mismo tiempo, uno aplicado más incorrectamente que el otro.
Frente a esto, ¿qué corresponde hacer como usuario en vías de ser damnificado? Los sitios web de las mutuales no cuentan con una sección en la cual dejar asentados este tipo de acciones. El Municipio tampoco ha avanzado en esta opción digital. En los tres casos sí se puede confeccionar un formulario de contacto y trasladar la preocupación, aunque debería ser un trámite más ágil puesto que se trata de defender los derechos de los consumidores y a la vez, incentivar el uso de la tarjeta sin restricciones extraordinarias, más allá de los costos financieros.
¿Deberá pasar la respuesta por el ámbito oficial? ¿Por las propias expendedoras de tarjetas que tendrían que chequear su uso y correcto funcionamiento? ¿Debería ser el Centro Comercial el que accione controles? Mientras tanto, muchos compran y pocos prestan atención al detalle que los valores abonados no son los que corresponden sino uno de los atajos que adoptó el comerciante para intentar campear la situación.

