
“Infinito, el horizonte. Cielo arriba y agua abajo. Traen en la mirada y en el corazón su coraje y el desarraigo”… La patria de nuestros abuelos gringos se ubica en la lejanía, en esa tierra milagrosa donde se engendraron hombres y mujeres que nos trajeron el hábito del trabajo sobre el oleaje del océano, rebosantes sus baúles de sueños y añoranzas por las raíces abandonadas.
Pero aquella patria puede rescatarse, ser auténticamente reconquistada aquí a través de los mapas, las fotografías, el relato, su música o la diversidad y amplitud de sus sabores. Inmersos en un ambiente creado con arte y acciones diversas, podemos sumergirnos, felices, en aquel bocado legítimo de geografía europea que les perteneció.
“Un giro per l´ Italia” es obra de la Profesora y alumnos de los cursos que se dictan en la Sociedad Italiana “Alfredo Cappellini” de Sunchales. Por quinta vez consecutiva, a través de los exquisitos sabores se instaló al numeroso público en las distintas regiones de aquella tierra que un día abandonaron los hombres y mujeres de esa estirpe italiana que nos enorgullece.
Después de la apertura a cargo de la Profesora Griselda Balari, desde el escenario se nos introdujo en el ambiente propicio que incluyó canto, baile y poesía. Imbuidos por esa atmósfera propicia, sentimos que “casi” llegábamos a aquella patria en lontananza. La excelente decoración del ambiente circundante abonó esa íntima sensación que fue auténtica. Emotiva.
Los sabores regionales brotaron a través de las comidas y las bebidas- exquisitez por doquier- , una variedad asombrosa surgida de manos habilidosas y predisposición acentuada de quienes aprenden el idioma, iluminados además por la geografía, la historia, la vida misma de los italianos que nos prodigaron una transfusión de valoración y amor por el trabajo, la constancia, la familia.
Es primavera y todo florece nuevamente. El legado recibido fue presencia en cada mesa, cada gesto de entrega, cada elaboración minuciosa, cada sorbo bebido en compañía. Este “giro” transmite cada año el legado otra vez, una herencia que inyecta los recuerdos y el orgullo.
Y quizás, desde el altar del silencio donde acostaron sus cansancios los hombres y mujeres que nos precedieron, contemplan la ceremonia y el compromiso de cada participante que además de hablar su mismo idioma, involucra al público en el conocimiento de la herencia recibida.



