Unió sus carcajadas contagiosas a los cánticos angelicales
La recibirán los ángeles cantando sus celestiales armonías y será su carcajada abierta y franca quien recibirá la bienvenida. No habrá dudas en el celeste infinito, para abrir los brazos a una mujer que, fervorosa creyente, entregó su alma al Señor.
Se ha marchado a otro espacio, Cristina Tosello de Alasia. Acá, en este terreno cargado de incertidumbres la despidieron quienes tuvieron la suerte de compartir sus tiempos, sus sueños y sus realizaciones.
Tiempos en que su voz era bálsamo para los que acudían a escucharla.
Tiempos en que sus cuentos y sus chistes y sobre todo su risa contagiosa y oportuna eran distensiones en momentos álgidos.
Tiempos en que sus consejos sinceros eran cátedras para andar en la vida.
Tiempos en que buenos o adversos, la encontraron dispuesta a dejar huellas de convivencia.
Cristina se marchó a los 75 años, a pocos días de un nuevo cumpleaños, acompañada de la familia que construyó junto a Jorge, su esposo compañero, ramillete de vidas que abrazó en todos estos años sin escatimarles amor; de sus amigos provenientes de todos los espacios sociales, porque dueña de una empatía particular supo relacionarse con el entorno poniendo en primer lugar el saludo amable, la charla comprensiva que generaba en ella la respuesta posibilitadora o simplemente la palabra que podría llegar al corazón del otro.
La lealtad en la amistad construida en variedad de contextos la llevó a una de las cosechas más pródigas que hoy se manifestaron al despedirla. Para Cristina la amistad era un valor; sabía cómo moverse en cada ámbito y cómo hacer de los encuentros amistosos o no, momentos gratos e inolvidables.
Nacida en Rafaela, llegó a Sunchales luego de contraer matrimonio. Fue docente, vicedirectora y directora de la escuela N° 6169 “Gral. Savio”, directora de la escuela N° 1212 “Pioneros de Rochdale” y vicedirectora de la escuela N° 379 “Florentino Ameghino”.
Quienes tuvieron la oportunidad de trabajar a su lado la recordarán siempre como la compañera dispuesta a encontrar soluciones ante los conflictos y si se suscitaban, mediar desde el diálogo abierto que allanara caminos y llevara a encuentros. No necesitó recurrir a libros, era innato en ella la decisión de vivir en un ambiente cálido, libre de controversias. Tenía la capacidad de licuar el conflicto y transformarlo en experiencia.
En sus cargos directivos, acompañó a sus docentes con naturalidad y apoyo, como integrante de equipos fue pilar para unir las ideas, consensuar y dinamizar los tiempos. Respetaba las ideas ajenas y siempre encontraba en ellas las fortalezas que aportaran al trabajo en común.
La llevo en mi corazón como la persona que me enseñó a reír aún cuando parecía que no había motivos para hacerlo, la que delegando responsabilidades, me dio la oportunidad de aprender, la que mostraba que nada, por difícil que fuera, podía superar su atención a la familia.
Se marchó puesta su convicción en un más allá cargado de esperanzas y construyó el paso decisivo desde la Fe. Rodeada de sus seres queridos, emprendió el viaje a la eternidad. La tristeza de la familia, sobre todo de su esposo Jorge a quien acompañó en todos los momentos difíciles, tendrá resignación en el recuerdo de una mujer que lo amó y caminó con él en el sendero de sucesos donde al amor y la paz eran su premisa.
La luna llena de mayo que se avecinaba la llamó a convertir sus carcajadas en canto angelical.
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Griselda Bonafede

