La perpetuidad de «Chente» se sostiene no solamente en un tramo de la Ruta Nacional Nº 34 que lleva su nombre ni en el reconocimiento que anualmente entrega el Concejo a deportistas amateurs destacados de la ciudad sino porque emerge como figura constante cada vez que se menciona el deporte motor y sus variantes.
Los logros obtenidos por este sunchalense, traspasaron las fronteras de la ciudad y han sido destacados por periodistas y sitios especializados.
Cipolatti tenía la humildad y sencillez de los grandes, tanto en las pistas como en la vida diaria, los triunfos no le modificaban su vida habitual. Prueba de ello fue que al día siguiente de haber alcanzado la gloria máxima en el autódromo de Rafaela, no extrañó verlo desde las 7 de la mañana inmerso en la rutina diaria, junto a su hermano Lorenzo, atendiendo a cada uno de los clientes que se acercaban a la estación de servicio que estaba ubicada frente a plaza Libertad.
Tres años más tarde, en 1966, la vida le dio revancha de lo que no había podido ser en 1963, alcanzando el título de Campeón Argentino de Mecánica Argentina Fórmula 1.
También supo incursionar en el Turismo Carretera. Se retiró de la actividad en 1969, luego de una competencia de MA F1 en Rafaela, en la que había alcanzado la gloria máxima por aquel entonces.


