El abogado transformado en militar

Estudiar medicina y al final, ser automovilista. Estudiar para ser músico y finalizar transformado en un futbolista; cursar años de pedagogía y didáctica para luego desempeñarse como empleado administrativo en algún comercio. La vida nos ubica en encrucijadas que finalizan torciendo nuestros destinos y desde un proyecto primario para convertirnos en abogados, quizás las necesidades de la vida nos ubican en escenarios distintos, cumpliendo tareas impensadas.

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, más conocido como Manuel Belgrano, fue un abogado, economista, periodista, político, diplomático y militar argentino de destacada actuación en las actuales Bolivia, Argentina y Paraguay durante las dos primeras décadas del siglo XIX.​  Nacido en Buenos Aires el 3 de junio de 1770, eligió la carrera de Abogacía; para ello estudió en España en la Universidad de Valladolid, también en la Universidad de Salamanca  y en el Colegio Nacional de Buenos Aires.

Aquí, la patria lo necesitaba. El hombre estudioso, con amplio conocimiento de las leyes, pacífico y enamorado de los libros, debió aceptar lo que su tierra natal le exigía y fue así como abandonó los libros y las leyes para empuñar la espada.  «No es lo mismo vestir el uniforme militar, que serlo», esta afirmación suya revelaba la distancia que lo separaba de la función que se vio obligado a desempeñar por compromiso con la Patria. Aunque como militar argentino tuvo destacado desempeño.

Tras las invasiones inglesas, este abogado e intelectual comenzó a reunirse con otros jóvenes criollos “en un ambiente que iba alimentando la idea de la emancipación americana”, señala la Enciclopedia. Según indica el documento del Ministerio de Educación, en 1810 fue designado vocal en la Primera Junta de Gobierno y fundó el Correo de Comercio, un periódico “al servicio de la difusión de ideas que favorecieran la creación de un nuevo ordenamiento político y social”.

Durante las guerras por la Independencia asumió un rol militar y ejerció el mando de numerosas tropas para expandir las ideas de la Revolución.

“Fue nombrado General en Jefe de la expedición militar a la Banda Oriental, Santa Fe, Entre Ríos y Paraguay, en 1810”, nos recuerdan los libros. Un año después fue nombrado Coronel del Regimiento de Patricios y en 1812 Jefe Militar del Ejército Norte. Condujo el repliegue civil conocido como el “Éxodo jujeño” y lideró las tropas que triunfaron en Tucumán (septiembre de 1812) y Salta (febrero de 1813). 

A fines de 1816 se hizo cargo nuevamente del Ejército del Norte, pero no pudo organizar una cuarta expedición al Alto Perú, como era su deseo. Este Ejército fue entregado finalmente al General San Martín en la Posta de Yatasto. Belgrano donó el dinero que recibió por sus batallas para la construcción de cuatro escuelas públicas en Santiago del Estero, Tucumán, Jujuy y Tarija (que pertenece actualmente a Bolivia): «He creído propio de mi honor y de los deseos que me inflaman por la prosperidad de mi patria destinar los expresados 40.000 pesos para la donación de cuatro escuelas”. A su lápida debieron hacerla con la tapa de mármol de su cómoda, tal era su pobreza. En 2007 robaron su reloj del Museo Histórico Nacional, el que usó para pagarle a su médico. Creo que sigue perdido e impune el robo. Hombre compasivo, liberaba a los prisioneros como resultado de las batallas.

Fue el creador de nuestra bandera, la que enarboló e hizo jurar a sus soldados a orillas del Río Paraná en nuestra Provincia de Santa Fe el 27 de febrero de 1812, aunque la fecha preponderante que se estableció para evocar al héroe fue el día de su fallecimiento, ocurrido el 20 de junio (de 1820). Aproximadamente 40.000 alumnos de las Escuelas Primarias que cursan el 4° grado en el 2025 asumen en esta fecha el acto de realizar por reglamento la Promesa de Lealtad a la Bandera Argentina, previos conocimientos que se imparten en las aulas para conocer y analizar la norma establecida por el Ministerio de Educación. Representa una manifestación de que los niños a esta edad han alcanzado un grado de madurez que les permite comprender el valor de asumir este compromiso público.

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