A 62 años del triunfo de «Chente» en las 500 Millas

En ocasiones suceden eventos que marcan a fuego a una comunidad. La victoria de Vicente Cipolatti en las mítica 25º edición de las 500 Millas organizadas por Atlético Rafaela, así se transformó, a punto tal que no solamente se lo recuerda cada año como uno de los logros deportivos más importantes de la historia local sino que un tramo de la Ruta Nacional Nº 34 lleva su nombre.

Además, hay otros elementos que pudieron ser rescatados de la historia y que recuerdan la figura de aquel «gringo en alpargatas», como se lo conocía.

Alumnos de la escuela Nº 279 «Benjamín Matienzo», hicieron una investigación de su historia, publicándola de la mano de Mirta Rodríguez y señalando entre otras cosas que: «el 8 de septiembre de ese año -en forma brillante e incuestionable- se adjudicó la vigésimaquinta edición de las 500 Millas Argentinas, que tuvieron por escenario el circuito rafaelino. Esa fecha no sólo se incorporó para siempre a la existencia de Chente, sino también a la historia deportiva de la comunidad que lo vio nacer. Todo el pueblo se volcó a la vera de la actual avenida Yrigoyen para recibirlo junto con a sus mecánicos, y brindarles el afectuoso reconocimiento. Fue la fiesta de todos. No era para menos, el Gringo de alpargatas -como le llamaban los periodistas especializados de la Capital Federal- el mismo que asombraba a los expertos y a los rivales, llegaba con el premio más preciado: el de ser vencedor de las 500 Millas Argentinas.

Con sus ocasionales rivales, Chente no sólo tenía notorias diferencias en cuanto a recursos económicos, medios mecánicos, sponsors importantes y valiosas publicidades, sino también en cuanto a la indumentaria que usaba en cada carrera. Nada de buzo antiflama, ni de calzado especial; sólo una camisa y pantalón común, una campera (tipo anorak), algo parecido a unos guantes, pero no los que habitualmente utilizan los corredores profesionales y eso sí: ¡Alpargatas! Como si estuviera en su casa y no compitiendo en los circuitos más exigentes y con los rivales más destacados del país.

Así era de humilde y sencillo, este sunchalense al cual ni el triunfo ni la derrota le alteraban su vida cotidiana. Por eso, en Sunchales, no extrañó a nadie verlo al día siguiente del triunfo en las 500 Millas Argentinas, inmerso en la rutina de la estación de servicio que, frente a nuestro principal paseo público, la Plaza Libertad, tenía con su hermano Lorenzo.

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