Lo llamarán Fundador – 03: Sombras de lo desconocido

Sombras de lo desconocido

– ¿Un pueblo de 500 habitantes, en 17780? -se habrán preguntado, igual que yo.

Datos imprecisos… falta de documentos escritos… y las preguntas que se hunden en el laberinto de las incógnitas. Siempre hay un tiempo más antiguo, más allá de las páginas escritas; un tiempo primitivo que nos llena de dudas y también nos genera suposiciones. Porque quisiéramos saber, ¡hoy más que nunca! Si bien celebramos una fecha en este momento que es significativa y para mí, como la Casa de Don Carlos Steigleder, debiera ser suficiente honor y motivo de orgullo el día que se toma como Tercera Colonización de Sunchales; sin embargo, la curiosidad me consume ¿A Uds. no?

Y un tropel de preguntas impulsa, se aglomeran pugnando por salir, pero… ¿hacia qué dirección dirigirlas? Si ya los estudiosos e historiadores han sido los encargados de buscar minuciosamente. Si los archivos indagados no los contienen, baluartes humanos de la memoria ya no quedan, así que… aunque me resisto a claudicar, debo conformarme.

Lo que sí supe es que mocovíes y abipones, indómitos, producían los ataques y Don Francisco Javier Echagüe Andía, entre 1726 y 1735, aseguró la frontera norte y parte del litoral. Firmó una especie de “pacto de paz” para tranquilidad de los fuertes, avanzadas y pagos dispersos en San Jerónimo del Rey, San Javier, Ascochingas, La Pelada, Rincón, Coronda y bajada grande de Entre Ríos. Era una auténtica necesidad.

Retrato de busto en semi perfil de Francisco Javier Echagüe y Andía, nacido en Santa Fe de la Vera Cruz en 1693. Autor: Anónimo – Pinacoteca Museo Histórico Provincial de Santa Fe.

También se sabe que llegó hasta las lagunas de Los Unchales. Y después, los grandes enigmas que abren signos de interrogación: ¿Fundó ahí la avanzada de La Virreyna? No existen las respuestas que acostumbra a brindar la Historia.

Durante veinticuatro años gobernó Santa Fe Don Antonio Vera y Mujica, luchando contra los indios, asegurando fronteras y llenando la zona de estancias y chacras. Pero tampoco se sabe qué estancias, qué chacras. ¿Esas estancias estuvieron quizás protegidas en su momento por la avanzada que se llamaba La Virreyna? No hay respuestas.

En los antiguos documentos oficiales, así como en mapas, figuran nombres diversos: Primero, Laguna de Los Unchales, allá por 1735; Capilla de “Los Hunchales” y “Unchales”; pero en la mayoría figura “Los Sunchales”, “Zunchales” y finalmente “Sunchales”, porque perdió el artículo “los”. Dicen que a mi dueño, Steigleder, como era alemán y no hablaba muy bien el idioma, no le entendieron en Santa Fe cuando llevó los planos.

La historia dirá: El nombre proviene de “suncho”, que en América del Sur le denominan “chilca”. Claro, antes de que se cultivaran las tierras inmediatas del pueblo, todo era un “chilcal”. ¿Será así, o hay otra versión?

¿Cómo a los pocos años surgió, súbitamente, nada más que un pueblo de 550 habitantes denominado Los Sunchales? ¿No les aguijonea la curiosidad, como sucede conmigo?

Solo se menciona que hubo una población antes de 1780; pero claro, no se puede asegurar fehacientemente que ese pueblo naciera allí mismo, sobre las ruinas de aquella famosa avanzada La Virreyna, en las lagunas de Los Unchales, en una fecha determinada.

¡Imagínense qué importancia! ¡Un pueblo! ¡Un pueblo de 500 pobladores en esos tiempos! Pensemos que muy pocas poblaciones eran capaces de hacer gala de un número estadístico tan elevado; únicamente Santa Fe o Los Arroyos (Rosario).

En 1795, ya con la constancia del informe de Larramendi, se sabía que había 1113 habitantes en Los Sunchales.

¡Qué hermoso poder adentrarnos en la línea del tiempo y saber qué ocurrió, cómo fueron esos orígenes! No podemos conocer solo el hoy e ignorar ese pasado valioso. Sería como desconocer las ramas que los precedieron en sus respectivas familias.

Y ahora… yo no debiera hacer lo que haré a continuación. Pero me voy a permitir abandonar la narración cronológica para adelantar la presencia de Don Carlos Steigleder.

A través de este diálogo con un interlocutor imaginario se enterarán de otro dato que también se hundió en las penumbras de lo desconocido.

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