Lo llamarán fundador – 06: Dos fuerzas distintas

Ha entrado la tarde. Se avecina la noche y es la hora cuando se despierta la necesidad del encuentro para la conversación. Atrás quedaron los duros momentos de trabajo diario, donde no hubo tiempo para cambiar palabras.

Aunque todos son hombres de pocas frases, gustan a veces de los relatos que hablan del pasado y las historias van corriendo de boca en boca para dejar ese testimonio invalorable que correrá por la línea del tiempo, sin páginas escritas hasta que alguien se percate de esa necesidad.

Yo, la casa de Don Carlos Steigleder, soy receptora de los diálogos; no importa los nombres… algunos los recuerdo… otros, ya no. Pero aún escucho sus voces de visitantes que se sentaban y desgranaban las historias, o de interrogantes producidos por quienes desconocían los orígenes y otros más avezados que les transferían lo que a ellos también les habían relatado sus mayores.

– ¿Y qué pasaba aquí antes de que se construyese el Fuerte?

– Y… dos o tres pueblos, más algunas estancias, todo eso había en Santa Fe, si hablamos de la época después de la conquista española.

– ¿Y más allá del salado?

– ¡Ah! Pues todo eso era desierto, hasta el Paraguay. Y si uno iba camino hacia Córdoba, Santiago y Tucumán, ¡ni un poblado se veía! Muy peligroso y solitario todo…

– ¿Y Usted sabe cómo debían hacerse las fundaciones?

– ¡Y claro! Bueno, según lo que cuentan, tenían que recorrer, inspeccionar, explorar los bosques, ver todo con mucho, muchísimo cuidado. Después recién empezaba la fortificación. Además los indios… Los conquistadores debían asegurarse los caminos.

– ¿Pero aquí, en esta zona, cuáles fueron los indígenas? ¿Eran muy guerreros, se dice?

– En Santa Fe, con los guaraníes en la costa y los quichuas en el desierto, la cosa no debe haber sido fácil…

– ¿Es verdad que en esta zona tenían que asegurarse la llegada hasta el Alto Perú?

– Así es, mi amigo. Desde Buenos Aires a Asunción, por Santa Fe; de allí a Córdoba, Santiago y Tucumán, hasta el Alto Perú. En el trayecto iban levantando fortines con soldados que aseguraban el viaje de las carretas para el comercio.

Mapa de la Provincia de Santa Fe, realizado en el año 1867.

– Pienso que habrán necesitado buenos pastos y agua para los animales.

– ¡Claro! Fueron sembrando la zona con pequeños destacamentos de blandengues, que eran soldados de lanza, ubicados en fortines o avanzadas, los que tenían miradores o mangrullos y hasta baterías también, para avisar y defenderse.

– Por eso se llamaban Fuertes…

– La construcción estaba protegida por obras de defensa y servía para resistir el ataque de los enemigos.

– ¿O sea de los indios?

– Eran considerados sus enemigos, aunque se dice que los cañones fueron usados solo para los avisos, pero que su presencia llevaba respeto. No sé, la historia lo dirá con los años, pero yo pienso que los indios defendían su territorio y el progreso se venía hacia acá fundando pueblos.

– Dos fuerzas distintas, ¿no?

– ¡Qué le parece, amigo! Los extraños tenían armas desconocidas para ellos y sentían que estaban perdiendo las tierras y su libertad. Por eso corrió tanta sangre en nuestra nación.

– Pero los colonizadores y los inmigrantes defendían su trabajo y querían la paz.

– Los nativos protegían la tierra donde habían nacido. Esto creo que será un eterno debate.

– Eso que Ud. Comentó sobre un mapa viejo, pero muy viejo…

– ¡Ah! Uno de 1658, donde el Fuerte de la Virreyna parece marcado con una cruz en los bañados llamados “Laguna de los Sunchales”.

– ¡Caray que habrá sido viejo el mapa!

La conversación siguió, a pesar de que las sombras se habían adueñado de mis muros. Viejas luchas de los hombres, entre blancos y morenos, inmigrantes y nativos, soldados e indígenas, parecen despertar del más allá y el viento me trae antiguos rumores de combates.


Capítulo del libro de Chela Lamberti «Lo llamarán Fundador».

Declarado de Interés Cultural por parte del Concejo Deliberante en el año 2011.

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