Sunchales recorre los 140 años de su tercera colonización. Ciudad dueña de una rica historia, acertadamente escrita por primera vez por Basilio Donato, el maestro, que permitió poner en palabras los avatares de sus tres colonizaciones.
Tal vez por carencia de fuentes, o por el viejo paradigma de que los españoles nos trajeron cultura, religión e idioma, Donato carga el fracaso de las dos primeras colonizaciones sobre los hombros del aborigen, los nativos de la tierra.
El relato histórico, entonces es más fácil de detallar desde la tercera colonización. Hace hincapié en el día en que fueron aprobados los planos, hecho ejecutado por el agrimensor Carlos Steigleder, y que le valió, erróneamente, el título de fundador. El pasado anterior se cuenta con apuro, como si se intentara eludir.
Es evidente que se levantó un telón para empezar a mirar desde 1886, tal vez, llevados por el marco socioeconómico y político provocado por el modelo agroexportador, adoptado por las ideas liberales de Mitre, Sarmiento, Avellanada, Alberdi, y puestas en acción con las palabras Paz y administración, por el general Roca.
Desde ese lugar, Sunchales empieza a contar la historia; ferrocarriles, inmigrantes, cosechas, industrias, escuelas, cooperativismo (más adelante) y la nomenclatura urbana caminó al ritmo de esa postura. Ninguna arteria es nominada para recordar el nombre nuestros pueblos indígenas: los abipones

Es imposible ignorar que nuestro territorio, como cualquier pedazo americano, estuvo habitado por indígenas, aunque su lucha por la defensa de sus tierras nunca fue considerada justa, sino más bien salvaje y sanguinaria.
Nuestra vecina provincia de Córdoba, en cambio, reconoce a los pueblos originarios. En sus rincones históricos, se hallan murales, figuras en maderas, representaciones simbólicas, trayectos organizados que narran el paso del indio por sus calles. Muchos de su pueblos llevan nombres indígenas: Ischilín, Parque Siquiman, Cosquín, entre otros.
Sunchales, y muchas otras localidades de Santa Fe, en cambio, muestran el pasado, recortándolo, alabando los triunfos de quienes pudieron contarlo: los vencedores.
Quienes amamos la historia, no cesamos en el afán de reclamar la visibilización integral de los hechos acaecidos, expuestos en recorridos, en murales, gigantografía, en cualquier portador que permita acercar al visitante en general, pero a los niños de nuestra ciudad, en especial, con la historia completa de la ciudad, sin levantar dicotomías, sin sesgar la narrativa. De lo contrario nos quedaremos contando aquello que permitió el crecimiento e ignorando que nada florece si no hubo antes un terreno labrado con sudor y a veces con sangre. Festejamos 140 años con orgullo, pero, ¿y antes?
Feliz cumpleaños, querida Sunchales.
Griselda Bonafede

