Era una hermosa mañana de domingo, el pasado 20 de enero. La temperatura agradable, el sol radiante y la brisa del este muy suave. Como tantas otras veces en su vida, Evelio Italo Patriglia montó su bici de carrera, se reunió con los amigos y aprovechando las bondades del clima se dispuso a recorrer la ruta 280-S, en el tramo Sunchales a Eusebia.
Para algunos ese ejercicio resultaría un esfuerzo irrealizable pero él, veterano de tantos recorridos, lo consideró indudablemente algo rutinario, con seguridad mucho menos exigente que ir hasta Vignaud sin otra compañía que su rodado o en equipo hasta Miramar, para hablar tan sólo de un par de prácticas que realizó en épocas recientes.
Pero este domingo su bicicleta no solo rodó, también se hechó a volar junto con el deportista. Adquirió improvisadas alas para trasladarlo mucho más allá del destino fijado. Insensiblemente en el retorno desde Eusebia, el camino se le esfumó a Evelio. Surgieron nubes suaves, de paz, de serenidad, en un tránsito carente de esfuerzos y casi sin notarlo se elevó, directo al cielo de los buenos, de los hombres de bien, de los dispuestos siempre a dar una mano, porque Evelio no sólo era un apasionado del ciclismo, también era propenso a colaborar con cuanta entidad sunchalense lo necesitara.
Y en la Asociación Piamontesa vaya que lo necesitamos. Era tan honesto, tan meticuloso, tan confiable que tomó la tesorería desde el primer día y nunca lo reemplazamos. Siempre llevó registros precisos y confiables, a tal punto que muchas veces quisimos que él fuera el ministro de Economía de la Nación y no simplemente nuestro Tesorero.
Ahora que el vuelo lo llevó lejos y que por un tiempo dejaremos de verlo, sentimos que nos falta el “alma mater”, aquel que se ocupaba de cuanto fuere necesario sin presionarlo y sin que para él fuese una incomodidad.
Evelio, no tengas ninguna duda, te vamos a extrañar.
Asociación Piemontesa Italiana.

