(Por: Víctor Bertoncello) – Tras la victoria ante Central Córdoba, el equipo de Rubén Forestello completó la segunda ronda en forma invicta, logrando 4 triunfos y 3 empates, marcando así una importante levantada desde lo futbolístico, para acomodarse bien arriba en las posiciones.
Más allá de que en su momento aquella goleada 4 a 1 ante Gimnasia en Entre Ríos, había mostrado a un equipo contundente, entiendo particularmente que desde el volumen de juego, ofensivamente, éste a sido el mejor partido de Unión, por más que la diferencia en el resultado haya sido solo de un gol.
Decididamente el dueño de casa fue más que su rival, porque desde el mismo inicio lo superó en el manejo y tenencia del balón, y en base a eso, le creó no menos de cinco situaciones claras que, no terminaron en gol, por falta de prolijidad en la definición y, por el buen trabajo del arquero Ariel Trejo.
Por ese entonces era una injusticia que Unión tuviese que irse a vestuarios sin poder ganar, ya que por intención y claridad ofensiva, había sido mucho más que su rival, quien dudaba en el fondo, se escalonaba mal en el medio y, solo apostaba a algún contragolpe mediante la presencia del goleador Jorge Sáez.
En el complemento, Cristian Zarate, que había sido el gestor de la mayoría de las posibilidades de gol del primer tiempo, a los 16’ del complemento, de tiro libre marca un verdadero golazo, gol que a la postre le daría la victoria al dueño de casa.
En la última media hora, el conjunto de Ribecca se fue a jugar cerca de Diego Núñez, quien, al igual que el resto del sistema defensivo, funcionó de muy buena manera, sobresaliendo incuestionablemente la jerarquía futbolística de “Joselo” Ibarra, siempre atento para cerrar y claro para salir jugando.
Ganó quien fue el más claro de los dos, ganó quién a la hora de definir mostró la certeza y contundencia necesaria, ganó Unión, quien con Zarate como abanderado, más la criteriosa compañía del resto, sigue mostrando el protagonismo de un equipo que se armó para ello.

