El paso del tiempo, para algunos, representa un desafío mayúsculo. No obstante, para otros esto abre la posibilidad de avanzar hacia nuevos caminos, explorando posibilidades y encontrando alternativas no solo de entretenimiento sino también de reconocimiento comunitario.
Este último es el caso de Eligio Ghiberto, uno de los residentes de la Casa del Abuelo «Otoño Feliz» que el pasado fin de semana pudo mostrar a la comunidad en qué invierte parte de su tiempo. A él, la pasión por el armado de complejos rompecabezas le llegó de grande, cuando ya acusaba más de 90 años de edad. Sin embargo, esto lejos estuvo de ser un obstáculo puesto que no se dispuso a armar uno solo sino que ha venido haciéndolo de manera constante a lo largo de estos años.
Dueño de una técnica propia que ha ido depurando con el correr de los meses y la acumulación de experiencia, ha ido completando desafío tras desafío. Fue su constante actividad la que en primer lugar abrió las puertas a la curiosidad de los directivos de la Casa, quienes no dudaron en proponer esta exhibición, a la cual él de inmediato accedió. La respuesta de los asistentes fue mayúscula, generándose constantes comentarios acerca de la complejidad de los rompecabezas y la habilidad necesaria para su resolución.
Rodeado de su familia y amigos, todo derivó en un eslabón más de la cadena de acciones que se vienen desarrollando para evocar los 25 años de funcionamiento de la Casa del Abuelo «Otoño Feliz». Tal como reconoció su Presidenta, estas acciones generan la apertura y visibilidad de lo que de manera cotidiana se vive en este espacio enclavado en barrio Moreno.
El talento de Eligio estuvo muy bien complementado por el de Carlos Longoni, quien aportó sus interpretaciones musicales, entrelazándose con las historias y anécdotas evocadas por el homenajeado. La adhesión de «Pluma y Papel libros» tampoco pasó desapercibida, ya que el comercio obsequió unos maravillosos señaladores que permitirán seguir atesorando este recuerdo.
En la colmada «Sala de Presidentes», los asistentes recorren los atriles, admiran los modelos terminados y no pueden evitar detenerse en aquella mesa del fondo en la cual se encuentra su actual producción. Cada uno de estos desafíos cuenta con mil diminutas piezas y más de uno intenta colaborar con ese paisaje cercano a Bariloche que está tomando forma pero rápidamente advierten que la tarea lejos está de ser simple y que se requiere de una sensibilidad especial, esa que tiene bien presente don Eligio…

