La prevención de adicciones comienza en casa – Parte VII

Los diferentes roles en las familias

La familia es la primera escuela de la vida con una gran función social y educativa.

El rol que juega la familia es fundamental para la protección, estabilidad, conformación de valores, es el ámbito primordial de desarrollo de cualquier ser humano, desarrollo de la autoestima y de la identidad personal, de los esquemas de convivencia social más elementales y de la experiencia del amor.

En una familia es frecuente que el padre personifique la autoridad, y la madre, el afecto. Pero la exageración o la ausencia de alguno de los roles perjudica la educación de los hijos, El padre debe tener autoridad con cariño y la madre cariño con autoridad. Es decir que los padres deben buscar un equilibrio entre autoritarismo y permisividad, para evitar hijos inseguros o sin control.

La prevención de adicciones comienza en casa – Parte VI
La prevención de adicciones comienza en casa – Parte V
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La prevención de adicciones comienza en casa – Parte III
La Prevención de adicciones comienza en casa – Parte II
La prevención de adicciones comienza en casa – Parte I

Hay personas que piensan que al tener a los hijos como presos en sus propias casas van a lograr que cumplan con las normas del hogar, y no se dan cuenta que pueden estar formando dos tipos de hijos, uno reprimido, inseguro de si, o uno rebelde queriendo llamar la atención todo el tiempo….

En este segundo grupo incluye a los padres que han dejado de educar o lo hacen de una manera menos constante. Son familias que no siguen el compás de los hijos, «sino que obligan a estos a ir detrás de la familia como puedan», y que delegan en cuidadores, abuelos u otros referentes la responsabilidad de educar. «El resultado de esta práctica son niños y niñas con muchos referentes a lo largo de su vida, cada uno de ellos con unas pautas diferentes a la hora de imponer sus límites, lo que les lleva a hacerse un lío y acabar haciendo lo que les da la gana»

Autoridad, autoritarismo y permisividad
«La autoridad no se expresa a través de la imposición» y defiende la «negociación» basada en la comprensión mutua de valores, actitudes y modelos de comportamiento». «La familia es susceptible de transmitir modelos de comportamiento que vayan desde un exceso de permisividad a un exceso de autoridad, aunque ambos extremos no son para nada deseables en la formación de identidad de los niños. Cuando los padres ceden continuamente ante los hijos, estos no suelen interiorizar el significado de frustración y desconocen cómo enfrentarse a los problemas. Por el contrario, cuando se imponen demasiadas reglas, se corre el riesgo de que los hijos crezcan inseguros y con una personalidad dependiente.

Los padres autoritarios ven al niño como un ser que es preciso disciplinar mediante castigos severos y privaciones. Privilegia la norma, la disciplina(obediencia, acatamiento y sumisión y rigor en la formación del hijo). sin ningún tipo de consulta, comunicación y diálogo familiar. Se considera como el único poseedor de la verdad y por ello se torna insensible ante el dolor generado en el hijo por el trato fuerte

En el otro extremo hay padres demasiados permisivos no ponen límites y actúan de esta manera por miedo a que sus hijos les rechacen, porque no quieren repetir viejos patrones de autoritarismo en los que fueron criados o, simplemente, porque no saben poner normas o es más fácil decir que ‘sí’ para evitar conflictos. “Bajo el término de tolerancia, a menudo no hay otra cosa que permisividad, cuando no dejación de responsabilidades».

Establecer un marco de referencia
La comunicación en la familia es el pilar básico para el desarrollo del menor (configuración de su personalidad y modos de relacionarse con los propios miembros de la familia y con los amigos de la calle). Los padres deben escuchar a los hijos y los hijos a los padres. Pero es importante que estos últimos no olviden que, ante todo, ellos son adultos.

«Los niños necesitan que el adulto haga de adulto, porque como amigos ya tienen a los compañeros de clase, de fútbol o de cualquier otra actividad»

Aquellos padres que se ríen ante la primera pataleta del hijo, tendrán más dificultades en corregir ese comportamiento cuando éste sea mayor.

«Los límites que no se han impuesto al niño de pequeño son difíciles de imponer cuando es mayor»

Teniendo en cuenta el autoritarismo o la permisividad con que se están criando los hijos tendremos dos tipos de niños:
* Los que tienen un marco de referencia tan cerrado que no pueden hacer nada y, cuando son mayores, o se rebelan o son retraídos,
* Los que no tienen un marco claro de referencia, sino límites flexibles, los mismos que si en un momento dado tienen que mostrarse violentos para llamar su atención no dudarán en hacerlo».

Aprender a poner límites con autoridad
Los conflictos entre padres e hijos deben aceptarse y afrontarse, ya que, «el niño sabe que siempre tiene la confianza de los padres y que, aunque le riñan, le quieren y él les quiere a su vez porque son sus referentes».

* Aprender a negociar. Hay que hay que hacer un esfuerzo por negociar con los hijos, a pesar de que éstos sean buenos «negociadores».

* Los adultos deben conocer sus propios límites. Si los padres no tienen límites tampoco sabrán ponerlos. No se puede pedir a un niño que utilice el teléfono móvil sólo en momentos de urgencia, si ve que los padres no tienen límite en su uso y lo mantienen permanentemente encendido.

* Saber decir ‘no’. El estilo comunicativo de los padres debe estar acorde con sus palabras, es decir, el lenguaje verbal y el lenguaje no verbal no deben contradecirse.

* Ser coherentes. Cuando se niega algo, se tiene que explicar por qué se ha tomado esa decisión, escuchar las argumentaciones de los hijos y actuar de la misma manera que se pide a estos que actúen.

* Escuchar y mirar al niño. Cuando lloran, patalean o gritan, es posible que los niños estén intentando decir algo a los padres.

* Mantener las decisiones. Es importante mantener la coherencia con lo que se hace y se piensa porque de lo contrario se perderá la credibilidad ante los hijos.

* Resaltar lo que se hace bien. El niño debe saber lo que hace mal, pero no se le puede «machacar» con estas actuaciones, también tiene derecho a saber que hay cosas que hace bien.

* Poner límites que tengan valor. «Si hay que decir al niño que no rompa un vaso, no se debe utilizar el chantaje emocional y decirle que mamá se va a poner triste si lo hace, sino que hay que decirle la verdad, que está mal romper un vaso

Poner límites no significa que haya que ser estrictos, sino evitar que los niños y niñas estén consentidos y sean poco «resistentes a la frustración» o «malos perdedores».

«El mejor antídoto es hacer que nuestros hijos se sientan queridos y amados, pero sabiendo que lo que hacen no siempre está bien. Pensar que esto ya lo aprenderá en el colegio es una equivocación, porque la escuela cada año tiene unos profesores diferentes y sólo ocupa un 25% del tiempo del niño»

Les compartimos películas que tratan sobre: La autoridad:
En la película Ray (2005) se muestra como la madre del protagonista intenta hacer un equilibrio. Por un lado le demuestra que lo quiere, lo abraza, le enseña a defenderse y lo aconseja pero por otro lado es rígida a la hora de enseñarle como defenderse solo, pues en varias ocasiones le repite a su hijo que ser ciego no es ser tonto y aunque sufre al verlo caer no lo ayuda para que aprenda del error. al final la película nos muestra que ese equilibrio entre cariño y autoridad que mostro la madre de Ray fue clave para enseñarlo a defenderse solo y así pudo conformar una familia y una fructuosa carrera musical.

Por otro lado las películas como Shine (1996) y Amadeus (1984) muestran que un exceso de autoritarismo crea hijos inseguros, llenos de miedos, incapaces de afrontar la realidad y tomar control sobre sus vidas. Mozart (Amadeus) mostraba su inseguridad teniendo sexo con cualquier tipo de mujer a pesar de ser casado y con un gusto por el licor. Por otro lado David (shine) mostraba su inseguridad a través de una personalidad infantil, y a pesar de que tenía un gran talento no ganaba las competencias por falta de confianza en sí mismo.

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