El difícil arte de poner límites a los adolescentes
El amor es como la sal: dañan su sobra y su falta.
Lo mismo podríamos decir con respecto a los límites para los adolescentes, ya que la clave está en no abusar de los mismos pero tampoco desestimarlos.
No es fácil saber en que momentos los hijos adolescentes actúan de manera irresponsable por su propia inocencia o por valores mal asimilados.
La razón por la que la etapa de la adolescencia es más dificultoso, es porque también está en juego el control y la autoridad.
Así como el padre debe aprender a abandonar cierta indiscutida potestad (incluso en el plano verbal), el niño debe aprender a beneficiarse de estos cambios sin abusar de los mismos.
Lo que se espera, en definitiva, es que esta batalla emocional de voluntades se acabe de una forma sana y natural, en la que ambos sepan reconocer sus espacios.
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Cuando los adolescentes demuestran su independencia con insolencia y carencia de consideración hacia los otros miembros de la familia, ésta actitud no puede obviarse y ser ignorada. La insolencia y falta de respeto no es un signo de independencia, sino del hecho de que se está teniendo un comportamiento inmaduro, que provoca que los padres todavía deban hacerse cargo de modificar.
Los padres deben intentar siempre ser la voz de la razón. Ponerse en un nivel simétrico para conversar, no es nada apropiado, aunque si lo es el hecho de modificar viejos esquemas, y poder escuchar más abiertamente a sus hijos, como personas adultas que ya son.
Es muy importante recordar que durante esta transición también se podrá comenzar a construir la relación que se mantendrá con su hijo durante todo el futuro. Permitir que los incidentes se extiendan pueden crear tensiones cada vez más difíciles de superar, que podrán afectar las relaciones futuras. A veces, la decisión más sabia es saber guardar distancia durante algún tiempo, hasta que puedan prevalecer las cabezas más frescas y el sentido común, desde ambas partes.
Las relaciones cambian todo el tiempo. Pero no es el cambio lo que define el resultado, sino cómo manejamos ese cambio.
A los adolescentes les cuesta asumir los límites que tanto necesitan y que los ayudan a situarse y a conocer cuáles son sus derechos y sus obligaciones.
Los padres y los adultos, en general, deberán enfrentarse a situaciones poco agradables, en las que su seguridad será clave para ayudar al adolescente a superar estas crisis.
Reglas de oro a seguir
* Los horarios de llegada y de irse a acostar, deberán ser modificados a medida que nuestros hijos crezcan.
* Si, los hijos transgreden los horarios convenidos, se deben resolver con la disminución o supresión de los beneficios otorgados.
* Mantener el control de las rutinas del hogar, con respecto a las personas que entran en la casa, los huéspedes que podrán (o no) alojarse temporalmente, o el tipo de actividades que allí se desarrollará.
* No olvidemos que los niños aprenden por modelos, los padres somos sus modelos a imitar, por eso hay que mostrarse seguros.
* Potenciar sus habilidades y mitigar sus defectos. No centrarse solo en los éxitos y fracasos escolares, pues éstos serán una parte de sus vidas, pero no lo único importante.
* Los padres seguirán la misma línea, no contradiciéndose uno al otro y mucho menos delante del adolescente.
* En casos de rabieta o estallido, no es el momento de dialogar con ellos: el lenguaje verbal no sirve de nada.
En muchos casos encontramos chicos y chicas que nos dicen que no saben como evitar “saltar y estallar a la mínima”, que les encantaría controlarse pero que no pueden. No lo hacen para fastidiarnos, sino porque no pueden evitarlo.
Errores más frecuentes
• Podemos negociar las normas a seguir, pero nunca debemos dejar que sean ellos los que marquen los límites.
• No hay que ceder para evitar males mayores pensando que esto pasará con el tiempo.
• Los chicos pueden sentir miedo por tenerlo todo demasiado fácil.
• Debemos dejarles que desarrollen sus propias estrategias, que resuelvan sus problemas y conflictos. Pero siempre debemos estar ahí, en un segundo plano, acompañando..
Firmeza y seguridad de los padres
La disciplina sigue siendo tan importante en la educación de un adolescente como durante el resto de la infancia. La diferencia es que conforme se van haciendo cada vez mayores, los adolescentes cuestionan cada vez más las normas y límites que sus padres les imponen. Sin embargo la disciplina es una herramienta básica en la formación de una persona responsable y estable, así que es muy importante tener unas normas y límites bien definidos y exigir que todos los respeten.
Los padres son el ejemplo
Ayudar a los hijos a expresar sus sentimientos. Si un hijo adolescente le pega a un hermano menor, es importante preguntarle porqué lo ha hecho, y pensar en otras formas de desahogar su enfado.
Expresar reconocimiento cuando su hijo adolescente logra comportarse como es debido. Si llega a casa a la hora acordada por ejemplo, darle las gracias. Si obtiene buenas notas en la escuela, felicitarlo.
Permitir que participe tu adolescente cuando se fijen normas nuevas. Esto no solo será una forma de enseñarle el arte de la negociación (algo que le servirá durante toda su vida), sino que le implicará de tal forma que se sentirá más obligado a cumplir con las reglas. Además, si nota que no eres intransigente y estás dispuesto a escuchar su opinión, aprenderá a hacer lo mismo.
Si un padre o una madre le grita a su hijo adolescente, está enseñándole indirectamente que es una opción válida en caso de desacuerdo, en vez de enseñarle negociar o debatir. En vez de gritar, pare y cuente hasta diez antes de hablar y enseñarle a tu hijo a discutir de forma sosegada e inteligente. Los gritos solamente alejarán más a su adolescente.
Darle alguna margen de decisión en el momento de organizar las tareas que debe realizar. Sentarse con su hijo, explicarle todas las tareas domésticas, y decidir conjuntamente cuáles serán su responsabilidad.
Ser siempre justos. Los padres somos humanos, y a veces nos exasperamos y imponemos una regla nueva o un castigo porque estamos cansados o hartos. Hay que evitar esta situación, pensarlo muy bien antes de introducir nuevas reglas o cambiar una existente, y explicar el motivo a tu adolescente.
Ser muy consistentes y firmes. Por ejemplo, si la norma es hacer los deberes antes de jugar a la playstation, es importante ser inflexible y no cambiarlo nunca, incluso si tu adolescente llega a casa con amigos. Cuando tu adolescente aprende que no vas a ceder, dejará de insistir (aunque esto puede tardar años y supone uno de los aspectos más agotadores de ser padres de adolescentes). Si cedes, tu adolescente cuestionará no solo esta norma repetidas veces, sino otras también.
Ser fiel a tus principios. Probablemente has escuchado muchas veces estos típicos reproches de hijos adolescentes: «Siempre soy la primera que se tiene que ir a casa»; Y es fácil tener la tentación de ceder. Pero todos tenemos nuestros propios valores, y es importante que nuestros hijos adolescentes aprendan a respetar los nuestros. Explícales que todos somos distintos, y cuando protestan y dicen que ojalá su familia fuese distinta, respira hondo y recuerda que esta es una reacción típica en los adolescentes y realmente no piensan así. Simplemente forma parte de la adolescencia cuestionar el sistema que les sigue controlando e intentar mover los límites.

