La anuencia del árbitro Hugo Esciretta dejó lugar a la pierna fuerte de parte de la visita, que apostaba a la misma como para poder controlar a los aurinegros. Estos, a su vez, trataban de depositar en Luciano D´Antoni la conducción, no teniendo a su creador natural pero disimulando de buena manera.
No obstante, los primeros quince minutos tuvo a la visita como protagonista, adueñándose de la mitad del campo de juego y generando algunas situaciones de peligro que fueron bien controladas por parte de Iván Baigorria. La táctica de los cordobeses era asfixiar a Lescano y D´Antoni para recuperar con rapidez y así lo lograban ya que Libertad perdía con celeridad la pelota.
Desde afuera, la numerosa hinchada visitante presente en el estadio alentaba e incentivaba a sus jugadores a ir al ataque. Frente suyo estaba el puntero, nada más y nada menos por lo que la oportunidad de descontar puntos importantes era esta o ninguna. Así lo entendieron y se fueron todos hacia delante.
Las dificultades del árbitro quedaron patentes a mitad del período cuando primero a Cipolatti y luego a Vera le cometieron sendos claros penales que no fueron sancionados. A partir de allí se multiplicaron los tumultos: entre técnicos, entre jugadores, afuera, adentro. Todos discutían mientras el árbitro miraba desde lejos y caían varias bombas de estruendo sobre el arco que estaba defendiendo Baigorria. Todo tenía olor a revancha, toda vez que en San Francisco, hubo jugadores aurinegros golpeados y cuentas pendientes.
Pareció hacerle bien el parate a los locales ya que luego del mismo salieron mucho más decididos, generando varias situaciones claras, hasta que a los 49´ Jahmud acertó un cabezazo y en su tercera chance de riesgo sometió al uno aurinegro. Para colmo, mientras Lígori reclamaba, el mismo Jahmud seguía probando al arco con peligrosidad.
Siguió en el complemento generando situaciones el local. Jugando ahora sí como puntero, Cipolati, Vera, D´Antoni y Lescano se repetían en los centros, habilitaciones y jugadas de peligro, aunque ninguno lograba vulnerar la resistencia del arquero visitante. El tiempo se mostraba a favor de los cordobeses que por este entonces ya no eran superiores pero tenían la ventaja lograda en el final del primer tiempo.
Buscando la igualdad surgió lo mejor de Libertad que empujó para llevar a Belgrano a su propio campo y cercarlo creando espacios que no podían ser aprovechados. Los cordobeses se juntaban atrás y resistían como podían, rechazando cuanta pelota pasaba cerca. Así se llegó al final del tiempo reglamentario y de la tranquilidad.
Lo que sucedió luego se llevará todos los comentarios porque se reeditó la gresca del primer tiempo pero en mayores dimensiones. Esta vez incluyó no solamente a jugadores y técnicos sino que también se anotaron los hinchas, rompiendo alambrados y parte de la estructura para lanzar proyectiles a diestra y siniestra. Como consecuencia, varios minutos después de terminado el cotejo, se pudo ver móviles policiales visiblemente dañados y restos de todo tipo de elementos en las inmediaciones del estadio.

