Rutina y Día de la Madre

Ya ha pasado el Día de la Madre y las muestras de afecto aún perduran en la memoria. Con el sonido del despertador o bien con el hábito arraigado desde aquellas mañanas de guardapolvos blancos, abandonamos la tibia comodidad del lecho para iniciar la tarea cotidiana en una casa demasiado amplia en este momento de la vida.

Durante unos quince años consecutivos, fueron mis seis amorosos nietos los acompañantes por turnos, compañeros para dormir, desayunar, ir a la escuela en mi auto para ser buscado sal mediodía, almorzar y volver a sus hogares.

Una abuela me preguntó, hace poco: “Los nietos, ¿van a tu casa? Acá no vienen”. Y le sugerí: Invitalos a comer… y cociná lo que más les gusta… Actualmente, un universitario de 22 años y el empleado de una empresa local por su carrera de Ingeniería en Sistema, alrededor de 26 años, almuerzan a “a la carta” los sábados en mi casa. Lenny, mi perro, los espera porque sabe que darán la vuelta a la manzana con la correa y el collar- Vuelve excitado, feliz, con expresivas muestras de alegría y satisfacción consumada. Todo un rito sabático que acrecienta la reunión de la familia. Previos ravioles, ñoquis, albóndigas, tarta al horno o milanesas a la … (como elijan). Y postres según el día.

Las charlas, relatos o confidencias, dejan felicidad en mi memoria y la soledad pasa a ser efímera. ¿Que los jóvenes no se reúnen con los “mayores? El primero en estrenar este ritual de escuchar los cuentos que su abuela le leía cada noche en la cama, hoy repite ese rito con Eva, su hija de dos años, residentes en Posadas (Misiones). ¿Que los niños actuales no saben leer (según las pruebas nacionales)? Busquemos a los culpables y escondamos los celulares…

No hace falta ser docentes para estimular el hábito de la lectura entre los niños de una familia. Mi madre tenía cursado 4to. Grado, según la consigna del Ministerio pero inventaba cuentos y me los narraba; también creaba canciones pero no por eso aprendí a cantar, lo que a mí me importaba era el argumento de la canción.

Cada día para mí es el Día de la Madre. Así me lo hacen sentir.

La obra de Luis Perlotti, en plaza Libertad.

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