Ser protagonista de un hecho público con mi automóvil me lleva a valorar las actitudes de los sunchalenses que voluntariamente se comprometen, participan y tratan con profunda amabilidad de buscar soluciones para reparar el obstáculo que se presenta en una calle, precisamente, de doble mano.
Al este de la ciudad, el trazado de la arteria Güemes me ubicó el viernes frente al Centro de Educación Física justamente cuando el coche dejó de funcionar. ¿Qué hacer, desde mi desconocimiento total sobe el tema “mecánica”? Pero el entorno se encargó de confirmar la solidaridad, el compromiso, la participación desinteresada frente al problema de una conductora solitaria.
Primero fueron dos jovencitas que rápidamente abandonaron sus motocicletas; una de ellas entró al auto y me dijo:- “Yo te lo soluciono”. Me quedé muda y después la oí hablando con su padre que es un mecánico de apellido Mendoza, pero su progenitor se hallaba en el río. Intentaron con el tío, con un primo y no pudo ser…
Tres mujeres en el asfalto, un auto sin movimiento: la escena provocó el interés, el compromiso y la participación de varios más, todos provistos de curiosidad pero esencialmente de actitudes solidarias y comentarios dentro de la materia “Mecánica”. ¿Cuántos se agruparon? Siete, ocho… no sé, reconocí solamente (y algo tarde) a Mauro Riboldi. Pido disculpas por no preguntar a cada uno de los participantes su apellido para agradecer luego a tanta gente solidaria.
Finalmente llegó mi hijo y el razonamiento colectivo nos ubicó frente a un problema con el “embriague”; entre varios ubicaron el vehículo doblando hacia la izquierda, sobre calle Adolfo Actis y después de una media hora llegó Hoermann con su grúa especial para trasladar al “enfermo”.
– “¡Cuánto tiempo!¡Qué alegría encontrarnos! ¿Cuándo va a visitar a mi mamá? Así charlan con gusto…”- la voz del hijo de mi amiga y colega (además de coterránea) me traslada a otro tiempo y otra realidad más agradable. ¡Cuántos recuerdos afloran!
Y luego, junto a Leo y a mi hijo Leandro llegamos al “hospital” de automóviles sobre la Av. Belgrano. Allí nos esperaba, sonriente, mi alumno de la escuela primaria, Sergio Colombetti. Entonces deposito, confiada como siempre, al enfermo de cuatro ruedas.
Toda la espera, el trastorno, el desconocimiento, la demora, todo se empequeñece frente a la calidez humana, el interés y el compromiso ante al problema extraño y ajeno encarado como propio. Sunchales tiene esta característica, es una ciudad comunitaria, sensible, interactiva.
– Señor Mendoza, siéntase profundamente orgulloso por estas jovencitas participativas, simpáticas y responsables. A cada uno de los involucrados les extiendo mi profundo abrazo y gratitud por el tiempo dedicado a mi problema en la vía pública.

