Así lo definen a Jorge Lanata en el día de su fallecimiento. Un creativo, un luchador, un valiente, desaprensivo, a quien Nicolás Wiñazki lo consideraba un padre, debido a la formación y el conocimiento que le infundió, los conceptos y formas de trabajo.
Dos campanas sonarán. Los detractores y los seguidores dirán libremente sus opiniones a través de esta prensa libre de la que goza nuestro país, gracias a Dios. Expresarse, comunicar sentimientos, informes, experiencias, censuras, son evidencias de la libre expresión que no todos los países pueden gozar.
Pero estos renglones que motiva la noticia registran otro aspecto lamentable. El hábito desmedido por el cigarrillo me crea un interrogante: ¿cómo se puede ser tan capaz, tan inteligente, decidido y constante pero caer en las garras de un hábito social que lleva a la muerte, según las estadísticas mundiales? Hasta su actuación en escena llevaba detrás la consigna de que debían dejarlo fumar frente al público.
El entorno familiar nos necesita longevos; somos necesarios para llevar adelante aquellos propósitos que seguramente prometimos en una época primaria vaticinando un futuro apetecible y largo en su extensión. Cigarrillos, comidas, velocidad y tantos otros inundan la cadena de causantes para desmembrar la calidad de nuestra salud personal.
No fue un accidente; no resultó de un hecho ocasional, imprevisto. No fue una persona sin erudición, carente de medios para tomar otros rumbos, buscar asistencia médica o psicológica, haciendo frente al paquete tentador y asesino. ¡64 años solamente! ¡Y cuántas alegrías familiares lo esperaban aún para hacerlo feliz y orgulloso!
Detrás, o junto a, hay muchos seres queridos que nos necesitan. Somos imprescindibles dentro del núcleo sanguíneo y familias que se acoplarán por el nexo del amor haciendo crecer la longitud de los vínculos. Las mujeres, generalmente somos más constantes en el cuidado de la salud, sabiendo qué rol nos corresponde desarrollar a lo largo del sendero hogareño.


