Si algo la ha caracterizado a Daniela Spano ha sido su férrea voluntad en acercar propuestas al Museo. En el transcurso de un par de años, el lugar recuperó buena parte de su real importancia, recibiendo muestras y visitas de altísimo nivel que incluso, varias, no llegaron siquiera a Rafaela.
La lucha contra un exiguo presupuesto y muchas veces una aparente falta de compromiso de los superiores hicieron que para afrontar los costos inherentes a las realizaciones, se recurriera a empresas, comercios y particulares, quienes con gusto participaron y sumaron esfuerzos. Incluso en más de una ocasión las tarjetas de invitación a muestras y exposiciones contenían la leyenda del Museo y algún ocasional sponsor, dejando en un segundo plano al municipio (cuyos secretarios acudieron sólo en contadas ocasiones a presenciar las aperturas de las muestras).
Hubo polémicas, es cierto, como la de realizar un ciclo de cineclub en un sitio donde se debía resguardar el material reunido. Esto se dio a partir de la puesta en marcha de iniciativas. Bien se podría haber evitado esa discusión si no se hacía nada, aunque el balance hubiera sido en esa circunstancia absolutamente negativo.
Con el alejamiento de Spano, la administración local suma una nueva pérdida en Cultura, área que ha concentrado la mayor cantidad de renovación de responsables. Al día de hoy, no se ha notificado oficialmente cómo se continuará con el ciclo 2007 ni quién será el responsable. Si bien esto último no es obligatorio sería bienvenido en un Gobierno prolijo que mantiene informada a la ciudad.
La argumentación de reducción presupuestaria no cayó bien en la ciudadanía, que lo vio como una situación que va mucho más allá, especialmente por la altura del año. En caso de ser valedero el motivo, la pérdida de una funcionaria comprometida y emprendedora representaría un ahorro del orden de los 2.400 pesos, monto poco significativo para una administración que maneja más de 14 millones al año.

