Una vez más con las manos vacías

(Por: Lucas Gaggi) – Si no lo hemos hecho hasta el día de hoy, simplemente por una cuestión, la de ser “argentinos”, me parece que es el momento indicado. Después de la consagración en México ´86 y en la Copa América del ´93, nunca más vimos a nuestro seleccionado dar una vuelta olímpica. Qué mejor momento, luego de la vergonzosa derrota del domingo nuevamente frente a Brasil, para que empecemos a pensar seriamente que ya “no somos los mejores” como muchos creemos y como muchos nos quieren hacer creer.

Con una selección “B”, y sin mayores ambiciones que las nuestras, los de Dunga nos dieron una verdadera clase futbolística, una muestra de trabajo táctico, de análisis de juego y nos demostraron que lamentablemente seguimos detrás de ellos, más allá de que nuestro maldito orgullo nos haga pensar y decir lo contrario.

Una vez más, luego del partido vimos a una camada de jugadores, que por una razón u otra jamás pudo estar en el primer lugar del podio, con la mirada al piso, y con lágrimas en los ojos. Será el momento del recambio, ellos nunca pudieron y tendrán que venir otros.

Nuestra necesidad imperiosa de conseguirle reemplazante a Diego, nos hizo volver a caer en el error. Lionel Messi, un jugador extraordinario sin dudas, pero muy lejano él de ser el sucesor del astro número 10, jugó toda la competencia con el peso en la espalda que le impuso la prensa, de que ya era el mejor de la Copa y de que está a un paso de nivelar futbolísticamente al de Villa Fiorito. Maradona hubo, hay y habrá uno sólo por fortuna y a la vez por desgracia. Y Messi el domingo no sólo no brilló, simplemente no apareció.

Basile, quien es el entrenador con más banca desde la prensa nacional, y yo todavía no entiendo por qué, no se animó a recibir la medalla del segundo puesto. Deberá entender que es empleado de la AFA, y que está representando a nuestro país, y que esas cosas están verdaderamente “muy mal”. Seguramente se hubiese quedado a recibir la medalla del primer puesto, pero para eso Coco hay que trabajar, y mucho. Cosa que hizo Dunga y no nuestro entrenador.

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