Volver a la infancia

El significado espiritual de octubre es la bella dualidad entre honrar tus raíces y el pasado que te ha llevado hasta donde estás para emprender con entusiasmo el camino hacia el futuro. Precisamente en este mes del año, la Escuela Primaria N° 379 “Florentino Ameghino” produce siempre el reencuentro de aquellos alumnos que una vez partieron con el bagaje de los primeros instrumentos educativos para encarar los peldaños siguientes de una vida de avanzada sobre aquellos cimientos sólidos.

Los 25, los 50 y allá lejanos los 75 calendarios, cada peldaño marcó un hito valioso, transformador, presagio de nuevas conquistas ascendentes en las variadas facetas de la vida cotidiana. Retroceder en el tiempo, rememorar y apreciar cada tramo concebido y disfrutado en profundidad, con gozo y satisfacción, es la consigna que año tras año se logra con creces motivando recuerdos, añoranzas, inocentes y legítimas emociones que hilvanan los capítulos del aula y su obra trascendente.

Retornan bulliciosos, sonrientes, inquietos y a la vez expectantes, recorriendo cada palmo del edificio abandonado un día para echar vuelo en las alturas del universo que los aguardaba. Cada rostro es investigado; el tiempo de espera ha tejido hilvanes que desplazan imágenes de ayer, pero una carcajada vivaz, un apretón de manos, una mirada “compinche”, un torbellino de signos que nos trasladan al ayer… y todo vuelve, todo escomo antes, a pesar de los almanaques surcados.

El agasajo tuvo destellos de fiesta. Minucioso, selecto, emocionante, el acto reunió calificativos excelsos que avivaron las fibras más íntimas. El grupo coral, los temas seleccionados, la excelente conducción, los valiosos mensajes de la Directora Ivana Pelossi y de Delfi Rambaudi, docente a cargo del Centro de Exalumnos, que añadieron los conceptos exactos, valorativos, dirigidos a docentes y personal de la institución en general, otorgaron un marco de real relevancia.

Marcelo Sobrero, promoción 1974, fue el designado en representación de los exalumnos congregados para manifestar sus sentimientos ante el reencuentro vivido. La gratitud fue un símbolo notable, que unido a la remembranza, provocó fuertes signos de alegría en todos los presentes. Se entregaron poemas y nóminas de alumnos; las fotografías atraparon rostros felices y el encuentro culminó en las aulas, donde los exalumnos fueron agasajados con tortas, jugos, llaveros, etc.

El patio cubierto tan anhelado nos esperaba, expectante, después de las galerías. Maravillosa gestión que sumará comodidades a este edificio precursor de 1912, primer faro centellante de sabiduría en aquel pueblo que cobijó alumnos desde 1888. Escuela de vanguardia, en continuo progreso.

Aquellos días de blanco
La blancura nos igualaba uniformada,
jóvenes albores de patio y de aulas
cuando sus anhelos los apasionaban
en apetencias lúcidas del aprender.

Nuestras manos pródigas y libres
derramaron semillas en suelo joven,
ávidos de luces y saberes a estrenar.

Risas, juegos, compañía, ilusiones,
todo cabía en ese patio amplio
bajo el sol de espléndidas mañanas
y en las aulas tibias, acogedoras,
nos esperaba el elixir del saber.

Un tiempo atesorado en la memoria,
esa memoria que no se diluye
y cobra fuerza en los calendarios.
Ese calendario que hoy nos trajo
para volver a gozar del elixir
como en el pasado lo bebimos cada día.

Esta fecha de madurez y nostalgia
nos nutre con el color de la alegría,
con la emoción plena de la gratitud.
Aquellos días de blanco infinito
conforman la riqueza guardada
para esto que somos: alumnos de ayer,
feliz patrimonio de la Escuela Ameghino.

Chela R. de Lamberti
Sunchales, 05/10/2024

Relacionadas

Ultimas noticias