Cuando Sunchales cumplió 50 años el órgano de prensa que informaba a la comunidad editó un valioso documento tipo revista, donde figuraban acontecimientos principales, profesionales, industrias, la trayectoria recorrida hasta ese momento, pero… faltaba la mención y fotografía del templo donde los católicos se reunían y cumplían con los ritos que confirmaban la autenticidad de la fe que profesaban. Por supuesto, tampoco figuraba el nombre del sacerdote que en ese momento conducía la vida espiritual de una mayoría.
Recién llegada de Ataliva, mi pueblo natal, según mi traslado emitido por el Ministerio de Educación en la Provincia de Santa Fe, comencé a desarrollar mi profesión docente en la escuela “Florentino Ameghino”, donde me asignaron un Tercer Grado del turno tarde. El Programa reglamentario establecía el conocimiento detallado de toda la ciudad o el pueblo donde se hallara emplazada cada escuela. ¿De dónde sacaría yo esta información? Pensé en buscar los diarios que seguramente estarían archivados en el Museo, pero…
El apreciado Walter Actis, dueño junto a su hermano Omar de la Curtiembre, tenía en su casa una vastísima pila de la Revista del Cincuentenario (en un rincón), editada por el Partido Socialista, del cual él, su familia y otros sunchalenses eran libres y notorios afiliados. Según su relato… “desde el púlpito el sacerdote a cargo en ese momento aconsejó responder al tamaño de la ofensa con el desaire del olvido y no debían comprar la Revista del Cincuentenario”. Walter me obsequió dos valiosos ejemplares, los que guardo con profunda admiración y compartidas con mi hija Verónica, también docente (Profesora del área Lengua) porque se pudo conocer la historia mejor que algunos sunchalenses.
“Jamás nos hablaron de eso en la escuela”, me dijo una amiga de mi edad. Claro, si aún no estaba el libro de Donato. En esa Revista él alcanzó a publicar todo lo relacionado con el Fuerte. Recién durante el gobierno de Aldo Trinchieri, con el apoyo económico de la Municipalidad, pudo editar su valioso texto. Y al año siguiente falleció.
“Todos los pueblos tienen su historia, pero se necesita que alguien la escriba”, expuso en una de sus últimas páginas y sentí que me hablaba a mí. Por eso me puse a escribir, también sobre Ataliva, mi pueblo natal…
Claro que la consigna moderna me llevó luego a escribir con otros recursos de estilo. Recordaba haber leído, hace muchos años “La Casa” de Manuel Mujica Láinez, donde precisamente era la que venían a demoler, la que narraba la historia de la familia que allí vivió, antes de que llegaran las máquinas destinadas a destrozarla.
Antes de empezar a escribir le solicité al Intendente la llave de la casa de Steigleder. Necesitaba estar allí. Pancho Trinchieri fue mi alumno en la escuela primaria pero no estaba convencido, aunque al final me la cedió. Mi presencia en esa casa histórica me produjo un regreso en el tiempo y una ubicación con los personajes de aquellos años.
La casa habla… ¡qué locura! Un sunchalense radicado en Brasil me criticó el estilo… No sabe que es un recurso literario denominado Personalización (cuidado, las paredes oyen… nosotros decimos; Si este traje hablara…, etc.) ¿O solo en los dibujitos de los hijos esto ocurre? En las películas San Martín, Sarmiento, Belgrano, están vivos y hablan.
Ya jubilada, seguí con la firmeza de que en 3er. Grado continuaban desprovistos: se debe bajar el nivel del relato a la edad de los alumnos. El recurso literario que consiste en atribuir cualidades humanas (como hablar, pensar o sentir) a las cosas inertes u objetos inanimados se denomina Personificación. Surgió así: Una historia de veinte páginas.
El 20 simboliza el esfuerzo, el empeño, el compromiso con la acción. Todos los números poseen un significado. El 10 representa la Perfección, el 11 significa Más que perfecto, representa la Búsqueda y entrega de la Energía. El Esfuerzo es el 20, tal como lo hicieron los inmigrantes europeos, nuestros abuelos o bisabuelos que vinieron a poblar nuestro país cuando se necesitaban trabajadores en los campos argentinos.
Después… viví una gran satisfacción. Desde el Colegio San José me solicitaron autorización para transcribir o fotocopiar esta revista. ¿Los docentes, las familias? Bendita divulgación, un sueño confirmado después de tantos años… Y la luz asomó un día.


