Y pasó la nueva fecha. Octubre ostenta su calendario especial donde nos incorpora a los sunchalenses para volver la mirada atrás y revisar nuestro ayer y nuestras emociones. Octubre, el que debiera habernos congregado en actitudes de compromiso y memoria, de rezo y gratitud, este octubre en su calendario nos recluyó como lo viene haciendo desde marzo y nos privó de la celebración ante la fecha histórica como era habitual conmemorarla.
La modernidad, es verdad, ha ofrecido otros caminos para rendir los homenajes y hemos aprendido nuevas técnicas. Es decir, el respeto por los acontecimientos de aquel 1886 y sus adicionales figuraron lógicamente y con visos destacados. Pero no todos se enteraron cabalmente, si la imposibilidad del manejo en cuanto a electrónica y redes cercenó el contacto con los contenidos programados. Hasta los niños nos han motivado a través de los recursos modernos para brindarnos retazos de hechos magnos que enriquecieron nuestro acervo histórico y cultural en forma excelente.
Pero estuvimos impedidos de practicar los generosos y emotivos encuentros públicos como en jornadas anteriores: la comunidad volcada a la plaza, el Fortín, el Museo con sus bagajes tangibles e intangibles, la Casa de Steigleder, el templo, la explanada cívica, el busto de Carlos Steigleder en la Plaza Libertad, el cañón, todos hitos de la historia que nos dejara impresos Donato en su libro y que nosotros como sunchalenses hemos ayudado a acrecentar.
¿Los sentimientos fueron menos intensos? Quizás no, si estamos imbuidos por los conocimientos, la valoración del relato y los testimonios que nos han quedado como reliquias invalorables, haciéndonos sentir dueños privilegiados ante una historia singular, única entre el concierto de los pueblos de la provincia y quizás también de la patria toda. Algo que nos distingue y enorgullece.
Aún suenan en nuestros oídos y perviven en nuestra memoria los acontecimientos aquellos del Centenario en 1986. O más lejanos aún, los de aquel octubre de 1967, cuando estrenamos nuestra Marcha con los versos de Mario Vecchioli (nacido en Sunchales en 1903) y la música del Maestro Sebastián Rainoni. En la misma esquina donde Sunchales fuera erigida a la categoría de ciudad como corolario del censo poblacional que cumplimentamos recorriendo los hogares de todos los sunchalenses.
El año próximo nos aguarda con la misma fecha, pero más resonante y emotiva. Los 135 tramos o etapas que fuimos cumpliendo con sus señales de progreso nos ubican en líneas cada vez más ascendentes. Con su espíritu pujante la ciudad avanza – a pesar de los tropiezos con que se encuentra el país debido a esta pandemia-, porque Sunchales se nutre de gente emprendedora, constante, ubicada frente a las circunstancias difíciles.
Los pobladores visionarios se caracterizan por ser carismáticos, con capacidades que alinean la visión, la misión y los valores para mejorar sus resultados y desarrollan el máximo potencial de quienes les rodean provocando el seguimiento de los demás. Con seres laboriosos y visionarios, Sunchales continuará sumando cumpleaños productivos y seguirá escribiendo la historia fecunda como la de aquellos gringos inmigrantes de las tres colonizaciones.

