Parece un contrasentido: ¿el silencio tiene gritos? Borges hablaba del “sol negro”, o de la “graciosa torpeza”. Quevedo mencionaba el “fuego helado” y otros escritores expresaban: “luz oscura, vista ciega, vida muerta”, etc. Se trata de un oxímoron, figura literaria en retórica que consiste en usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión, para generar un tercer concepto.
El “silencio” de las escuelas argentinas genera “gritos” de angustia provenientes de alumnos, padres y un sector de los docentes preocupados y responsables. Las aulas segregan soledad y mutismos; los patios se adormecen bajo el sol perplejo porque no tiene niños para dorar en sus juegos; los libros en las bibliotecas escolares perdieron la ilusión de ser abiertos y ofrecer los tesoros de sus páginas editadas para instruir, deleitar, entretener, desarrollar, ansiando ser devorados por ojos ansiosos y maestros iluminados.
Los edificios erigen sus muros silenciosos y desolados, infecundos y entristecidos. Demasiado limpios, demasiado ordenados, demasiado llenos de olvido. Extrañan la actividad entusiasta, los cantos y piruetas, el murmullo de abejas en la colmena,la albura de los guardapolvos, la voz cálida de las réplicas de Sarmiento en su sagrada misión de alfabetizar al ciudadano del mañana.
¿Y por qué no se resuelve? Varias son las causales y todas ellas nos dejan un sabor amargo. La prevención sería excelente, el cuidado de la infancia con esmero un acierto, la diagramación de estrictos protocolos sería óptima, pero… el tiempo pasa, inexorable, con su carga de preocupaciones para los padres, depositarios como segundos responsables de la tarea educacional, sin atisbos de soluciones inmediatas y en favor de la gran masa de alumnos en los distintos niveles de la educación en nuestra Argentina.
¿Son más importantes los casinos, el fútbol y tantos compromisos que demandaron voluntad perentoria para una pronta resolución? Por supuesto que esos regresos se interrelacionan con la necesidad de trabajo y reactivación de la economía. La educación nos es palpable, manifiesta y material, puede pasar desapercibida, especialmente si denostamos la “meritocracia”.
El sindicalismo no ayuda a la solución de esta problemática. Prevalecen los distanciamientos, la dicotomía, la pugna entre sectores, el “me opongo porque lo dicen los otros”, el recrudecimiento de la grieta para convertirla en sangrante precisamente porque hablamos de valores intangibles de los cuales no se tiene la intención de calcular la fuerte gravitación de su peso valorado en un porvenir más luminoso.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reitera para todos los continentes su aval hacia la apertura de las escuelas. ¿Nuestro país seguirá haciendo gala de oídos sordos y ceguera extrema?

