Chela de Lamberti: Hermelinda elevó su voz al cielo

Hermelinda era hija del profesor Pedro Grandi, quien trajo su herencia desde Castelnuovo Bello; de Italia a Rosario y de allí a Morteros (Cba). Hijo mayor de cuatro varones, disfrutaba de la producción de los viñedos en Piemonte, pero su vocación sacerdotal lo llevó a Torino y en forma simultánea estudiaba piano, violín, clarinete, con pasión por la música. Al morir el padre, los ingresos decayeron debido a la difícil situación reinante y América apareció como faro de ilusiones para su hijo Pedro.

Compró un colegio en Morteros y contrajo matrimonio con Teresa Pautassi. Tres hijos nacieron; los dos primeros no sobrevivieron y luego llegó Hermelinda, en un invierno inclemente. Desde pequeña cursó estudios con la profesora Sara Tofanelli (madre del Dr. Luis Suárez); completó la educación primaria y luego el Ciclo Básico. Esa profesora se mudó a La Rioja y a los catorce años de Hermelinda dejó en sus manos la conducción del Conservatorio Beethoven.

Cuando contaba apenas quince años falleció su padre. Estando enfermo, pero desde la cama le daba indicaciones para el coro y el órgano. “Salvame la situación”, le decía. Ante esos hombres de voces imponentes la joven se vio impulsada a dirigirlos, comprometida por el escenario familiar. A los diecisiete ya ejercía como Maestra de Música y amplió conocimientos de Danzas Nativas en Córdoba.

Durante una fiesta en Brinkmann conoció a Delis Festa y al año se casaron, por lo cual se estableció en Sunchales. Durante dos ciclos lectivos viajó a Morteros, con todas las dificultades de lluvias, horarios, transporte, etc. En agosto de 1961 comenzó en el cargo creado en la Escuela Nacional N° 169, donde se desempeñó durante dieciséis años.

El Club Libertad la convocó para formar una Peña Folclórica, luego abrió su Academia; en esa época había mayor cantidad de varones como integrantes. Delis y Hermelinda, junto a Teresa, viuda de Grandi, vivieron en la casa paterna y luego se mudaron a la esquina de Alem y Pellegrini. Allí habilitó la Academia “El Rebenque” y trabajó incluso en Tacural.

El Consejo Argentino de Instrucción Profesional la designó Examinadora en Sunchales y pueblos vecinos. En 1970 se conformó el Coro de “Amigos del Arte” (adultos y mixto); en 1974 fue invitada para conducir el Coro de la Parroquia. El Escribano Montalbetti, Intendente Municipal, en 1983 la convocó para los preparativos del Centenario de la ciudad. Se propició la conformación del Coro Municipal y pasó a depender de la Subsecretaría de Cultura.

Festivales folclóricos, alumnos particulares, participación en La Cumbre (Córdoba), etc. Allí se consagraron en primer lugar con la chamarrita “La lindera”. Mendoza, Las Termas de Río Hondo, Merlo (San Luis); Gral. Villegas (Bs. As.), San Clemente del Tuyú, Córdoba, Santa Fe, Villa Gessel, etc, donde pasearon deleitando al público con sus voces. Cantaron frente a los presidentes de la República (celebración de Sancor CUL), los Ministros de Cultura, los grandes Directores, además de los Encuentros Corales.

Constituida una nueva Comisión de la Sociedad Italiana de Sunchales, ella se ofreció para conformar un coro destinado a la vocalización y esparcimiento de la lengua heredada; así surgió “Cantares de Italia”, protagonista de eventos especiales e innegable participante en cada cierre de los homenajes en el Día de la Mujer, organizados por la Subcomisión de Damas del Club A. Unión. Institución que le dedicó uno de esos homenajes, muy merecido, del cual ella decía que había sido “el mejor de los agasajos recibidos”. Todas sus actuaciones fueron voluntarias y desinteresadas.

María Elena, su hija, docente de enseñanza especial, Directora de CANDi y titular de un cargo ministerial en Santa Fe, sumó dos hijas amantes de la música. Luisina y Marilina llevan en la sangre y en el intelecto los dones heredados de la abuela Hermelinda y de Pedro Grandi. “Lula” forma parte del prestigioso grupo Eruca Sativa y su hermana es solista.

Elevando su voz al cielo, hoy se ha apagado la llama activa de una mujer emprendedora, tenaz, entusiasta y constante colaboradora. Superadas las nueve décadas, no decayó su ánimo ni su participación. Marcó un hito en la ciudad y elevó sobre un destacado pedestal el arte del canto y la danza nativa. Su paso dejó una huella, una estela que perdurará en la memoria de sus numerosos alumnos y en la faz cultural de Sunchales.

Relacionadas

Ultimas noticias