Chela de Lamberti: Todo parece arrancado

En este último tiempo- será por la llegada de marzo con su motor activo para poner en marcha las acciones, una vez concluidos el veraneo y las vacaciones-; será porque ya es hábito adherirse a una mayoría pública, es que se utiliza determinado vocabulario.

Lo cierto es que se nota a cada momento la presencia desagradable de una abundancia generosa de cierto verbo y esa dimensión precisamente provoca, lógicamente, el hartazgo.

Aparecen palabras que se transforman en modismos; alguien importante las utiliza, otros oyen y copian, descontando que es correcto, esencialmente si lo pronuncian en grandes medios capitalinos y el reguero corre, sin tapujos, desmadrado y se viste de aceptación, como si tuviera garantizada una aprobación generalizada y ese consentimiento provendría de instituciones de jerarquía, como la Real Academia Española, por ejemplo. Pero no es así.

“Está de moda usarlo”, o “lo hacemos especialmente para originar ruido…” (respuestas que recibí hace tiempo ya) y así la inventiva sigue libremente su camino, cosechando aceptaciones y verdaderos imitadores.

Uno termina preguntándose: ¿Corrijo o no corrijo? Cuando en realidad es un aporte, un auxilio surgido de años de aula, de lectura continua y también de consulta permanente, porque quien no investiga puede quedar atrapado en las redes de los errores o bien desconociendo alguna última reforma idiomática.

¿Se sabe todo? ¡Por supuesto que no!, pero cuando existe la pasión y también la responsabilidad, surge lisa y llanamente el convencimiento de que aprendemos hasta el último día de nuestra existencia.

Bien, ¿a qué nos referimos hoy? Parece que todo “arranca” en la televisión y otros medios nacionales, es decir, en la completa dimensión del país. Arrancan las escuelas, arrancan las prácticas deportivas, arrancan los talleres, arrancan los espectáculos, arrancan los horarios habituales de los colectivos interurbanos, arranca un nuevo programa televisivo o radial, arrancan los impuestos, arrancan las sesiones del Congreso, arranca un nuevo negocio, etc.

¿Y qué significa “arrancar”? El diccionario (sabio, generoso y permanente amigo) bien claro lo define: “Desarraigar, extirpar, extraer, sacar, quitar, arrebatar, partir, fracturar, despedazar, tronchar, romper, etc.

Es un verbo transitivo y debiéramos utilizarlo así: “Me arrancó una muela” (algo que está metido y se saca de raíz; también con una planta). Otros ejemplos: “En un ataque de rabia, se arrancó el pañuelo”; “Arrancar vicios” (por hacerlos desaparecer, desterrándolos); “Tras horas de interrogatorio, le arrancó la confesión”.

Pero si se trata de las clases, el fútbol, el teatro, los viajes, un mercado, los horarios de colectivos, los talleres, el aprendizaje de un idioma, allí usamos: comienzan, dan inicio, inauguran, retoman, empiezan, abren sus puertas, vuelven a su tarea, estrenan, principian, establecen, emprenden, etc.

Hay vocablos realmente pegadizos y tal vez la intención premeditada no es copiar, pero sí se nos va incorporando más a menudo el vocablo y termina por convertirse en muletilla, difícil de desarraigar.

Para un oído atento saltan inmediatamente estos léxicos y más aún, si se convierten en hábitos. Por lo tanto, es razonable intervenir aconsejando, haciendo notar el error como un aporte y no una crítica. Claro que a veces surge la ofensa.

Pero… ¿quién no necesita del diccionario, a toda edad, en cualquier etapa de la vida? Es bueno consultar cuando se presenta la duda y si hay duda, es porque nos preocupa la escritura correcta. Bienvenidos sean los que dudan y no aquellos que se mandan porque, como decía el querido e inolvidable Minguito… “¡Ségual…!”

Las pantallas televisivas, la página escrita, la emisión radial, todos son modelos que se toman como reales y correctos, de allí la responsabilidad de quienes se involucran. Nadie es perfecto; lógico que pueden cometerse errores involuntarios, pero en este caso se ha transformado en repetitivo y el “arrancar” pasó a ser moda, a ser hábito generalizado.

“Aprender a dudar, es aprender a pensar”, aseguraba Octavio Paz. “El español ofrece el repertorio más amplio, el que mayor elocuencia y belleza proporciona”. Celebremos el idioma que heredamos y hagamos de su cultivo una práctica permanente.

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