Paloma declinó sus aleteos

Gabriel Fiorito, presentando uno de sus libros, en Paloma, el 28 de abril de 2014.

Alejandría tuvo una de las bibliotecas más importantes y prestigiosas, así como fue uno de los mayores centros de difusión del conocimiento en la Antigüedad, instituida en el siglo III a. c. Esta ciudad se encuentra al norte de Egipto y al oeste del Río Nilo. Alejandría es una ciudad portuaria mediterránea y durante el período helenístico fue el hogar de un faro que se incluye entre las Siete Maravillas del mundo antiguo, junto con esa importante biblioteca. La Biblioteca de Alejandría actual tiene forma de disco y es extremadamente moderna.

Cada ciudad, del mundo antiguo o del presente, contiene en su haber alguna librería o biblioteca para uso y enriquecimiento de sus habitantes. En mi pueblo natal no existía la primera, pero la excelente Biblioteca Sarmiento ubicada en la misma escuela primaria, era fuente donde abrevar la literatura, enriquecer el conocimiento y engendrar la inspiración acumulando saberes que algún día aflorarían en páginas propias.

Los libros están allí, quietos pero ansiosos de ser buscados, de que muchos ojos se depositen en sus páginas, justificando así el destino para el cual fueron creados. Exhalan un aroma especial, único, fundamentalmente si son nuevos, con la incomparable fragancia del papel recién estrenado, proveniente del árbol inaugural, aquel que desde el bosque sacrificó su vida para ser material orgánico obtenido principalmente a partir de las fibras de celulosa de madera virgen para conseguir una pulpa.

Los sunchalenses hemos acrisolado durante décadas una librería de alto vuelo, sin la provisión de material escolar como complemento; dedicada exclusivamente a LIBROS, libros con mayúsculas, orientados a todas las edades, con una diversidad de títulos para la población lectora, desde los más pequeños que concurrían de la mano de algún sabio y comprometido familiar para sembrar en el surco tierno e iniciar así el camino del consumidor intelectual. Los maestros reconocerán al instante al alumno lector: por su vocabulario, su ortografía, sus conocimientos y redacción.

“Paloma” de alto vuelo; el nombre y la acción de fundar pertenecieron a Julieta Mijoevich, quien comenzó con algunos textos distribuidos entre lo que vendía su madre y fue cobrando alas hasta tener local propio en una esquina emblemática de nuestra ciudad. Desde allí el crecimiento la ubicó en una esfera cultural de relieve, siendo su ámbito propicio para encuentros literarios, presentaciones de libros y otras actividades inherentes al fundamento cultural.

Hoy ha cerrado sus puertas. El ave declinó sus aleteos y ya no veremos la amplitud de su acrobacia en la bóveda didáctica e ilustrativa de Sunchales. Como si Alejandría hubiera apagado el resplandor de su faro y clausurado a la vez el brillo de su tradicional biblioteca de aquellos siglos. Lamentamos este destino y hacemos votos por un futuro que quizás nos sorprenda y satisfaga nuestro firme y creciente apetito cultural.

Relacionadas

Ultimas noticias