La desaparición física de cada ser humano que conforma nuestra ciudad, un Sunchales donde nos sentimos parte y respiramos al unísono cada día, siempre nos importa y conmueve. Cuando esa persona ha tenido una relevante acción comunitaria, docente, social y pública, sembrando acciones fértiles en surcos ávidos donde era perentorio el accionar profesional para revertir y cosechar logros haciendo de la discapacidad una situación ávida de amor y metodología, la pena se acentúa y generaliza.
Joven aún, nos ha dejado Mónica Hoyos, inesperada y rápidamente. Muy cruel la noticia que nos llegó desde Santa Fe, en pocos días, mientras rezábamos y presagiábamos un desenlace algo más leve frente a una enfermedad conocida. O necesitábamos engañarnos. Ella había nacido el 3 de octubre de 1964 en Sunchales; hija de Ricardo Hoyos (albañil) y Ramona Mena, de Tostado, quien trabajó muchos años en el Banco Rural.
Cursó el nivel primario aquí y después el secundario en el Colegio San José pero se fue a Hersilia, en busca de un título docente. Luego Educación Especial fue su meta y se desempeñó como Preceptora en el Secundario del San José, con la Sra. de Texier como directora. Realizó reemplazos en “Alas para la Vida”, en el recinto donde después estuvo el ICES.
Con María Elena Festa crearon CANDi en 1982 para atender a niños con dificultades. Hallaron casos profundos y con patologías complejas, que realmente necesitaban de docentes especializados. “¿Por qué no vienen?”, fue la gentil pregunta y propuesta a la vez. En el Colegio San José les dieron un aula de laboratorio y comenzaron con cinco alumnos, que se multiplicaron con el paso del tiempo. Pronto se sumaron otras profesionales, trabajando en forma gratuita.
Al incorporarse nuevos alumnos comprobaron que había casos con dificultades profundas, según el censo efectuado. Un Proyecto comenzó a germinar, según los descubrimientos realizados. Había un Proyecto concreto y decidieron adelantarlo. Comenzaron por formar la Primera Comisión, con Ramadori como Presidente. ¿Y los maestros? ¿Y las autorizaciones? Viajaron a Santa Fe en el camión de Ramadori e iniciaron los trámites. Toda esta tarea permitió que María Elena y Mónica participaran cooperativamente y fortalecieron su amistad.
Con Mónica Giraudo fundaron “El Faro”, después de preguntarse… “¿Qué hacemos con los que egresan de CANDi?” Cada pregunta al unísono servía como génesis de nuevos logros y la discapacidad de adultos también fue atendida. Lo que surgió como un sueño y en forma precaria ya tenía estructura concreta y se extendía con sus beneficios.
Durante el Gobierno del Escribano Montalbetti Mónica atendió el Jardín Municipal de Infantes. Luego se incorporó María de los Ángeles Gorosito, proveniente de Esperanza, hoy directora del Jardín N° 118. Y con la Intendencia del Dr. Gonzalo Toselli, Mónica asumió en el Área de Promoción Social dentro de su primer Gabinete.
En ese tiempo María E. Festa se trasladó a Santa Fe y Mónica asumió como Directora de CANDi. A su regreso, ella pasó a la Vicedirección. Hacía siete años que se había jubilado pero su espíritu inquieto y su predisposición para el trabajo permanecieron intactas y se incorporó al SAMCO del Hospital. No fue una funcionaria de escritorio; la acción, el compromiso, la resolución de problemas fueron invariablemente su norte.
Madrina de Marilina, la hija de su amiga, diseminó su amor intenso en hijos ajenos, quienes fueron parte de su vida afectiva. Era dueña de una predisposición innata que le permitía cosechar admiración y cariño en su entorno. Casada con Fabrizio Vargas, las hijas de él también le demostraron su acercamiento y simpatía.
Sus lazos familiares tuvieron corta duración, pero jamás estuvo ni se sintió sola. Los diversos espacios donde desarrolló su accionar le granjearon amistad, simpatía, reconocimientos y admiración. Cosechó su propia siembra a través de los años y en sus fecundas esferas de acción.
La Municipalidad de Sunchales, el Concejo Municipal y distintas instituciones dejaron sus mensajes de despedida y valoración por su labor comunitaria. “Además de los diferentes espacios ocupados en la función pública recordamos su fructífera trayectoria en la educación y su aporte a diferentes entidades locales. Mónica también formó parte y colaboró con el funcionamiento del Instituto Municipal de la Vivienda de Sunchales”.
Además de su eficiencia laboral, siempre hizo galas de un carácter accesible, conciliador y comprometido. Personas como ella dejan un gran vacío difícil de llenar. Seguramente alguna calle o lugar emblemático de la ciudad portarán su nombre como justo homenaje para trascender en el tiempo y que las generaciones del mañana puedan conocer su trayectoria encomiable, digna de ser imitada.

