Algunos vocablos nos llevan a considerar el uso de ciertos términos con un significado como cuando lo clasificábamos en forma absoluta siendo niños. Precisamente, el “garabato” lo conocíamos como uno de los primeros medios de expresión después del llanto y un elemento fundamental para comprender o analizar la evolución psicológica y fisiológica de los niños. El primer trazo que hacen ellos en una hoja de papel es un paso primordial en su desarrollo.
La sala de Amigos del Arte en Sunchales nos desorganiza este concepto y nos orienta por el sendero artístico. Allí se exponen lo que Puchy Delmastro llama “Mis Garabatos” y es un desborde de trazos que causan sensaciones múltiples y diversas, llevándonos hacia sus propios universos de fantasía.
A veces, mientras la atención está ocupada en otro tema o cuando estamos aburridos, el garabato puede ser una forma de expresar enojo, felicidad, tristeza o evasión. Pero no acontece así cuando afloran de las manos de una artista. Una artista que vuela, sueña, crea y seduce con cada trazo que estampa sobre la página en blanco.
Son sugerentes y esos trazos nos vuelven inmersos en sugestiones, representaciones imaginarias y fantasías por doquier. Nos permite a cada observador convertirnos también en creadores, dueños de un desborde de sensaciones. Una multiplicidad de ellos nos seducen, nos enamoran, nos elevan en los escalones del arte y alimentan a propios y ajenos en el entorno.
La habilidad de sus manos crea una visión mágica y las figuras se adhieren al espíritu porque estamos en presencia de la belleza. No actúan únicamente las manos; allí se traducen su corazón, su memoria, la percepción, la creatividad y el vuelo de un pájaro libre, muy libre, hasta la máxima altura de su íntimo universo. Los elogios se nutren con merecidos aplausos y suman la invitación pública para que cada sunchalense pueda ser partícipe de tal despliegue artístico.


