Verano vs. Invierno

Realmente, ¿se acabaron los días de calor? ¿El frío se instaló, definitivamente? La humedad, intermitentes e imprevistos chaparrones, una profusión de días grises y mucho más breves en su duración, todo nos ubica en un otoño ya establecido que se orienta hacia junio dispuesto a acicalarse con las clásicas características del invierno. ¿Y nuestro declarado invasor, asaltante que- según afirman- huiría a la llegada inminente del invierno? ¿Será así? ¿Concluirá realmente el reinado de la crueldad manifiesta en el dengue?

Surgen los adeptos y contienden con los que ya se encuentran añorando el verano. Mientras tanto, la hojarasca hace pródigos y deformes montículos en nuestras veredas y calles, únicamente hermosas por su paleta de colores y en el recuerdo que me traen, de aquella época lejana cuando buscaba a mi primer nieto en el jardín y debía detenerme a trechos porque él se demoraba yendo y volviendo sobre montones de hojas secas, feliz, exultante, escuchando el sonido que producía con su repetido pisoteo infantil e inocente.

Las escobas ejecutan su trabajo diario y repetido, rutinario, que termina siendo calificado como mecánico, inconsciente y casi automático, odioso por su repitencia que llega a exigir dos horarios a veces -mañana y tarde- tal es la profusión del desprendimiento que gotea inexorable sobre las veredas. Lógicamente, para dar paso luego a la profusión multicolor de septiembre pero en el presente, bajo el verdugo otoño, mostrándose como auténtico despojo en el paso hacia la muerte.

Íntimamente, me ubico en la primera alternativa, sin añorar jamás el peso de la canícula y los sofocones del estío. Solamente diciembre es exonerado del mal dictamen estival porque tiene en su haber la belleza y los sentimientos de la Navidad, los festejos de la Iglesia y los profusos encuentros familiares en Nochebuena. Quizás, también las vacaciones, aunque sean de índole caseras.

Lógicamente retornarán el rigor del invierno, los días breves, las noches largas, la nieve intensa en algunos rincones de la patria, con sus consecuentes resultados, peligros y la tristeza para quienes no cuentan con los recursos necesarios que hacen de las vacaciones un merecido tiempo de descanso para conocer paisajes lejanos.

Y he aquí que, como amante del invierno recapacito, recuerdo e imito la frase de una escritora americana en su página “Noches de lluvia”: «…Y me duermo, me duermo avergonzada de paladear un gozo que atormenta a millares de seres humanos…”

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