Esperar toda una semana para que ella finalmente culmine y poder recibir al fin la feliz presencia de un domingo pleno para descansar, vivir diferente, cerrar el calendario de trabajo, o trabajar más porque se estuvo esperando el tiempo necesario para acercarnos a otro rubro, trabajo al fin, pero más placentero, como es poder abrir la computadora para liberar las palabras de los sentimientos y la facultad de la comunicación.
El ser humano siempre espera pero la naturaleza se encarga de destruir sus ilusiones, haciéndole saber que ella es más poderosa y dominante, debiendo inexorablemente los mortales adaptarse a sus múltiples caprichos. De cualquier manera, siempre habrá una oportunidad dichosa para volcar palabras hilvanadas, especialmente si junto al vidrio de la ventana apreciamos ambas escenas: la íntima, recoleta, a solas con las ideas y la literatura, mientras el escenario matinal de la calle nos trae el agua que cae y cae, derramándose en la amplitud de los espacios disponibles, además del patio y el jardín, ávidos ambos por adaptarse a la primavera y estallar con toda la policromía habitual.
El informe local nos amarga con la noticia de quedar a oscuras de 7 a 12, según comunica anticipadamente la EPE. La urgencia se apodera de las manos sobre el teclado, mientras vigilamos el reloj y preparamos la luz de emergencia. Mientras tanto, comparamos con la época de la infancia, allá lejos en el calendario, desprovistos de las comodidades y servicios del presente.
¿De qué nos quejamos? Cuando las ciudades excelsas porque se ubican en la provincia más importante del país (ayer mencionaban a Buenos Aires, pero también a Córdoba y Santa Fe como las más importantes por varias y meritorias razones), y comprobamos las carencias que soportan por olvido y negligencia de sus gobernantes. Ausencia de asfalto, agua potable, cloacas, además de insuficiencias para atender la salud, el transporte y la… ¡seguridad! Lamentable entelequia, esencia del presente.
Lo que nos muestran los medios de comunicación nos ubican frente a realidades que nos permiten comparar con Sunchales para sentirnos en condiciones de supremacía, donde las prioridades permiten el bienestar de sus habitantes. Y donde transcurren los años sin lograr modificaciones para asegurar condiciones dignas para los pobladores, los culpables son fáciles de divisar. No es nuestra realidad, gracias a Dios.
Mientras tanto, la lluvia persiste con el caudal y su caída matinal. La aceptamos, a pesar de ser domingo. La electricidad continúa su llegada, felizmente, y estas páginas se fueron cubriendo con el predominio de las palabras.


