Zwi Migdal: la imagen del espanto (Quinta parte)

Las ciudades portuarias tienen ciertas peculiaridades en las que se nota un patrón determinado. Como tal, Rosario, puerto fluvial y marítimo por excelencia, muestra los ingredientes propios de éstas, sin perjuicio de señalar que esta ciudad llegó a ser el segundo exportador de trigo más grande del mundo.

Dichos conglomerados urbanos ostentan manifestaciones lupanarias; los marinos descienden de los barcos ávidos de sexo, es decir, hay una demanda por sobre la media.

Poco a poco se mostraron como ciudades prostibularias, lúdicas, cosmopolitas, sociables, nocherniegas. Como consecuencia de lo aportado debo decir que hacia 1870 empieza a nacer el tango, danza prostibularia que aparece en los peringundines y más adelante pasa al centro de la ciudad. Por aquel entonces en muchos de ellos se bailaba el tango y lo hacían en estilo orillero y canyengue. El primero desapareció siendo su característica: el paso corto y con menos filigranas. Hacia 1900 se realizó un censo en la población de la ciudad dando como resultado una mayor cantidad de hombres, el que refuerza lo mencionado anteriormente: mayor demanda de sexo.

Los cordones urbanos, especialmente, mostraban los personajes que describe el tango: compadritos, tauras, cafiolos, taitas, pendencieros, matones entre otros y como consecuencia de ellos surgieron los tugurios, burdeles y garitos.

La mafia judía – polaca de la Zwi Migdal (Sociedad de Socorros Mutuos, Sinagoga y Cementerio) a la cual me he referido en las cuatro notas anteriores paulatinamente, se fue instalando en la zona de Pichincha, el barrio prostibulario de Rosario por antonomasia. Según una estadística llevada a cabo la organización cubría el 25% del negocio de la prostitución en nuestro país.

Foto de época de cuatro detenidos pertenecientes a la Zwi Migdal (Diario Crítica, septiembre de 1930).

Hacia 1910 la zona quilombera que dominaba casi en exclusividad al barrio, era la Sección Cuarta ubicada entre el Centro y la Estación Sunchales.

Los límites del mismo estaban comprendidos entre las calles Vera Mujica, Córdoba, Bv. Oroño y Av. Del Valle. Allí en 1930, funcionaba una sinagoga no oficial en la calle Güemes 2959, la cual constituía una casa de departamentos donde los judíos se reunían a practicar su culto.

En el mismo año, la prensa de la ciudad daba cuenta como esa situación había incidido en el desarrollo de la prostitución: su mediana distancia con Buenos Aires, entre otras cosas, la convirtió en punto propicio para el comercio sexual. Los fines de semana la autoridad ferroviaria disponía de servicios expresos que partían desde Retiro a las 5 de la tarde y llegaban a la estación Rosario Norte a las 9 de la noche, para retornar a las 5 de la mañana del día siguiente. Este servicio era usado fundamentalmente por turistas. Los visitantes, extranjeros nombraban al barrio como “Pichinchau”.

Este acontecimiento, ubica a Rosario en el segundo lugar luego de Buenos Aires en la trata de mujeres; por tal razón se la conocía como la ciudad de los burdeles y como consecuencia el epicentro lo constituía el barrio de Pichincha.   

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Referencias:

  • Rosario – Barrio Pichincha Yvette Trochon; Suplemento Señales, Diario La Capital. 18/03/2007.
  • El cementerio de las polacas, Raquel Fernández.
  • Prostitución y rufianismo, Rafael O. Ielpi / Héctor N. Zinni, Editorial Fundación Ross.

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