Mis paredes aprisionaron durante tantos años estos recuerdos, sucesos que vivieron mis dueños…
Y yo siempre escuché en silencio; historias contadas por los hombres del pueblo, todos amigos de Don Carlos.
También por algunos matrimonios que cultivaron la amistad a través de la cercanía de sus hogares.
Casi ya no cabían en mí; era tal el cúmulo que pesaban realmente entre mis paredes antiguas. No soy insensible. Tengo cuerpo, tengo alma, una gran memoria y ahora… ¡me ha llegado una voz!
Una voz que me permite comunicar con todos ustedes. Esa voz no hace más que transmitir sentimientos, vivencias, diálogos, además de los hechos fundamentales ya conocidos.
Mi voz humaniza la historia, les da cuerpo y alma a los protagonistas, llenando los vacíos de la historia misma.

Todo puede echar más luz sobre los acontecimientos. Es decir, conocemos los hechos, las fechas, los nombres… ¿Y cómo eran esos hombres y mujeres de antaño? ¿Los imaginamos realmente? ¿Presentimos todo el fuego interior de cada uno de ellos para llegar a estas tierras, sus dramas y dichas, sus esperanzas y desiluciones?
¿Qué pensaban, qué soñaban, qué hacían en sus vidas cotidianas, dónde desempeñaban sus labores?
¿Y los gobernantes? Aquellos que tuvieron la visión de las necesidades y emprendieron la colonización mediante sus decretos y empeño en lograr las metas, pensando en el futuro de la región y del país.
Esto es lo que he hecho. Escuchar en silencio, desde 1885, cuando Don Carlos me puso en pie, en este sitio privilegiado, hacia el sureste del pueblo, desde donde me convierto en atalaya.
Pero mi silencio estuvo lleno de voces y contenido. Ahora ha llegado el momento de transmitir. Ya no más mutismo ni reservas. Por ustedes, queridos sunchalenses.
Este es mi regalo de cumpleaños.
Capítulo del libro de Chela Lamberti «Lo llamarán Fundador».
Declarado de Interés Cultural por parte del Concejo Deliberante en el año 2011.

