A 76 años de la desaparición de Hipólito Yrigoyen

(Por: Leandro Lamberti) – Recordamos hoy, y bien vale hacerlo, más que nunca, a Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen, conocido como Hipólito Yrigoyen. No sólo fue el primer presidente de la historia argentina en ser elegido por sufragio universal y secreto. No sólo fue el ejemplo del sentido ético-reformador en la política argentina. No sólo, el responsable del primer Gobierno democrático, basado en los principios de la transparencia, la igualdad, y la austeridad: fue el mentor de la revolución democrática y de toda lucha por las libertades civiles y políticas en nuestro país. Y todavía lo sigue siendo, desde su ejemplo.

Y todo eso sin dar un solo discurso. Sin grandes campañas. Hablando mano a mano con el vecino. Sin gastar grandes cantidades de dinero para convencer a nadie. Lo hizo, desde su ser intransigente y recto.

Nació en Buenos Aires; concurrió a varios colegios secundarios y luego ingresó en la Facultad de Derecho. Fue comisario (1872-1877) en uno de los distritos de Buenos Aires, en el barrio de Balvanera.

Por la influencia de su tío Leandro N. Alem; fue elegido para la Legislatura Provincial de Buenos Aires; luego de la turbulencia política de 1880 pasó varios años en relativa oscuridad política, enseñando en la escuela normal de mujeres de Buenos Aires.

En 1890 regresó a la política y fue el lugarteniente político de Alem en la revolución de ese año y lo nombraron jefe de policía en Buenos Aires.

En 1893 fue presidente de la Unión Cívica Radical en la provincia de Buenos Aires y luego del suicidio de su tío Leandro N. Alem (1896) pasó a ser el líder indiscutido del partido.

El “Peludo”, como le llamaban a este especie de hombre ensimismado en sus asuntos políticos y en su ser, siguió siempre la política de abstenerse de participar tanto en las elecciones como en el gobierno hasta que se satisficieran sus demandas de un sufragio más amplio, elecciones libres y honestidad en el gobierno. Incluso ante los ofrecimientos más acomodados de los gobiernos de turnos, que sufrían su influencia en las sombras, dando luz. Rechazó nombramientos de los presidentes Luis Sáenz Peña y Carlos Pellegrini; luego de la promulgación de la ley de reforma electoral de 1912, los radicales iniciaron su acción política y eligieron presidente a Yrigoyen en 1916.

Su primera presidencia (1916-1922) cubrió la época difícil de la Primera Guerra Mundial, con sus desastrosas consecuencias; conservó la neutralidad Argentina pero la nación sufrió trastornos económicos debido a que sus habituales compradores europeos no podían transportar las mercaderías.

Una reforma importante que aconteció durante la primera presidencia fue la de las universidades; las facultades (acusadas de tener apoyo e intereses oligarcas) fueron despojaras de gran parte de su poder y la administración universitaria pasó a ser mucho más democrática, con un gobierno reformado y participativo.

En 1922 Yrigoyen cedió la presidencia a Marcelo Torcuato de Alvear, pero permaneció políticamente poderoso como presidente del partido Radical.

La segunda presidencia de Yrigoyen (1928-1930) fue breve debido a los agudos problemas económicos (depresión mundial), sociales y financieros y a la creciente oposición política de otros partidos.

Una revolución de oficiales militares conducidos por Uriburu (que tenía a un novel oficial Perón entre sus filas) lo removió de su cargo el 6 de septiembre de 1930, con la total aprobación del pueblo; encarcelado en la isla Martín García, Yrigoyen primero rechazó la absolución que le ofrecieron pero luego regresó a Buenos Aires para morir el 3 de julio de 1933.

Leandro Lamberti
Presidente
Ateneo Hipólito Yrigoyen Sunchales

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