Comienza puja por precios: lácteas piden ya aumentos

En el sector alimentario se daba como un hecho que en los próximos días irían las lácteas, las pioneras en esto de acudir al despacho del funcionario: sucede que son las que más están sufriendo el virtual congelamiento de precios dictado por el gobierno para sus productos. Además y tal como adelantara este diario, a SanCor se le estaba armando un paquete de ayuda financiera desde el Banco Central dado que no tiene acceso al crédito externo desde que Moodys le bajó la calificación.

Este paquete -que sería liderado por el Banco Patagonia, según versiones del mercado- era parte del acuerdo por el que la cooperativa aceptó congelar sus precios; sin embargo, hasta ahora esa ayuda no se concretó pero los precios siguen en el «freezer». Y no parece que Moreno vaya a acceder a modificar este statu quo, al menos antes de fin de año.

Sin embargo, un ejecutivo de una alimentaria (que no es láctea) explicó por qué la reluctancia de los empresarios a encabezar un reclamo por precios: «esto es como la Primera Guerra Mundial: estamos todos en la trinchera esperando que el capitán toque el pito para avanzar, pero sabiendo que los primeros que salgan van a recibir los tiros…».

De todos modos, no parece que las lecheras puedan mantenerse mucho más con la actual escala de precios: desde el sector explican que sus márgenes históricos de rentabilidad son de uno a dos por ciento en las leches fluidas, que representan 80 por ciento de su facturación total. Y si bien sólo las marcas líderes de leche están comprendidas en el acuerdo con el gobierno, esto automáticamente frena cualquier posibilidad de retoque del resto de las líneas de productos.

Segundas marcas
Por caso, las leches SanCor y La Serenísima se venden (precio pactado) a 1,54 pesos el sachet. Ambas empresas tiene marcas de segunda línea (Santa Brígida en el caso de la cooperativa; Armonía y Fortuna en el caso de Mastellone Hermanos) que se ofrecen a 1,44 pesos el litro.

Es más que obvio que aun cuando las segundas marcas no están comprendidas en el acuerdo, es imposible aumentarlas, sencillamente porque los consumidores se volcarían a las primeras marcas que -por imperio de esta curiosa política de congelamiento parcial- quedarían más baratas que las de segunda línea. Esta visión de las empresas deberá confrontarse con la teoría que esgrimirá Moreno -cuando finalmente se encuentren- sobre la «rentabilidad global» de las productoras de alimentos: se sabe que el funcionario aguardará a los representantes de las empresas con el argumento de que, si bien pueden estar perdiendo dinero con los productos «pactados», deberían sobrecompensar esa pérdida con los que tienen precio libre.

Las lecheras, además de su baja rentabilidad (afirman), tienen un alto costo de distribución y logística: deben llegar todos los días a unos 70 mil puntos de venta en todo el país, con camiones refrigerados. Estos costos se incrementaron de manera significativa desde la firma del acuerdo de precios a fines del año pasado, lo mismo que los laborales (las lácteas dieron un aumento salarial de 19 por ciento) y los energéticos, por citar algunos.

Esas serán las cifras con las que SanCor y La Serenísima tratarán de convencer a Moreno de que es inevitable «tocar» los precios de la leche si no se quiere poner en riesgo de desaparición a las empresas del sector. Cuándo sucederá esto es un misterio: nadie quiere ser el primero en asomarse a la trinchera por temor a ser acribillado.

Fuente: Ambito Financiero

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